¿Cuál es nuestro objetivo?

Estudios BioIglesia

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Cómo hemos visto, la primera dificultad a la que nos enfrentamos a la hora de elaborar una visión estratégica y global de la tarea es la variedad de énfasis existentes. Nuestra segunda dificultad tiene que ver con la consiguiente dificultad en enfocar la meta: estamos algo confundidos en cuanto a lo que queremos conseguir.

Seguramente, la mayoría de los que estamos interesados por la cuestión contestaríamos que nuestro objetivo es “alcanzar el mundo”. Pero ¿qué entendemos exactamente por “alcanzar”?

La naturaleza fastidiosa de esta pregunta se puso de manifiesto en una encuesta de Julio 1990 realizada por el Evangelical Missions Quarterly, en el que se pidió a once líderes evangélicos sus definiciones del término. Esta breve encuesta, aunque demostraba algunas áreas de acuerdo, también demostraba que el uso del término “alcanzar” es bastante elástico.

Parte de las aparentes diferencias de opinión son el resultado de aplicar el término a dos niveles diferentes. Cuando se aplica al nivel personal del individuo, “alcanzar” con frecuencia se usa en términos de “una oportunidad adecuada para recibir o rechazar a Jesucristo. Es decir, podrán tomar una decisión basada en el evangelio y no en asuntos periféricos.”17 Cuando se aplica al nivel del grupo, se utiliza con frecuencia en términos de implantar “por lo menos una iglesia en cada grupo etnolingüístico,”18 o un movimiento de iglesias en cada grupo.

 

Clarificando el objetivo

Dadas las consideraciones previas, es mi convencimiento creciente que el meollo del problema de encontrar consenso en la naturaleza de nuestra tarea gira en torno a nuestro fracaso en distinguir adecuadamente entre los diversos niveles en los que debemos entender el término “alcanzar”, y luego en mantener todos esos niveles enfocados al mismo tiempo. Esto es verdad tanto en términos de la definición de la palabra, como acabamos de ver, como en términos de desarrollar una estrategia global, como vimos anteriormente.

Por lo tanto, propongo que pensemos deliberadamente en la naturaleza de nuestra tarea en varios niveles, o más bien, etapas. La primera etapa se define por haber una presencia cristiana autóctona en cada grupo. La segunda etapa se define por la existencia de un movimiento de iglesias viable en cada grupo. La tercera etapa existe cuando este movimiento de iglesias satura su grupo con el evangelio. La cuarta etapa se da cuando este proceso de saturación produce una oportunidad adecuada para que cada persona en el grupo tenga la oportunidad auténtica de responder al mensaje de salvación. Llegado a esto podríamos hablar de la “clausura”19 de la tarea.

Esto requiere que se piense en la tarea misionera de la iglesia de cuatro maneras. Primero, el objetivo de la misión pionera es el de establecer una base en cada grupo o ciudad de la humanidad. Hecho esto la clausura es posible. Justo aquí es donde mejor encaja el concepto de “grupos étnicos no alcanzados”.

La fidelidad a la gran comisión requiere la penetración en cada grupo hasta llegar al último. Sin embargo, deberíamos tener cuidado con dar la impresión de que una vez que los misioneros hayan visto unas cuantas personas entregarse a Cristo hemos “alcanzado” el grupo. Como McQuilkin comenta acertadamente, “Tal forma de abordar el asunto no debería darnos a entender que la tarea ha sido completada en cualquier grupo donde se haya establecido una cabeza de puente. Algunos grupos son de 100.000.000, por ejemplo, y la gran comisión habla de discipular las naciones, no sólo de implantar un núcleo.”20

Segundo, el objetivo de la misión transcultural es el de establecer una “masa crítica” dentro de cada agrupación humana. En la ciencia, la masa crítica se conoce como ese punto en el que existe suficiente material atómico radioactivo para generar una reacción nuclear en cadena. Esta segunda meta busca una reacción en cadena similar.

La tarea misionera no queda completada con el haber ganado a unas cuantas personas para Cristo o incluso con el establecimiento de unas cuantas congregaciones. Aunque puede que en algunas tribus muy pequeñas esto sea suficiente, con seguridad no lo es en grupos más grandes o en las  megaciudades. En algunos grupos reducidos, el establecer una base podría hasta ser idéntico a alcanzar masa crítica.21 Pero en la mayoría de los grupos, el llegar a masa crítica representa un objetivo estratégico completamente diferente. Este objetivo sugiere que la tarea de los misioneros es alimentar el movimiento de iglesias hasta que el mismo movimiento pueda completar el resto de la tarea por su cuenta.

Justo aquí es donde ese término “viable”, de uso tan frecuente, tiene un papel. Desafortunadamente, temo que muchos utilizan esta palabra en el sentido de supervivencia. Un movimiento de iglesias es considerado viable si es capaz de sobrevivir sin ayuda externa. Sin embargo, si de verdad tomamos la gran comisión en serio, la viabilidad se debe medir en términos de la capacidad de un movimiento para completar la tarea, no simplemente en términos de su capacidad para sobrevivir. Deberá ser “misión-viable” o “clausura-viable” no meramente “existencia-viable.” Sin duda alguna, hay muchos movimientos de iglesias alrededor del mundo que apenas consiguen conservar su existencia. Estas no se pueden considerar capacitadas para completar la tarea hoy por hoy.

Tercero, el objetivo del movimiento de iglesias es el de establecer una congregación de proclamación activa del evangelio al alcance de cada persona en el grupo. De esta manera cada individuo tendría “acceso auténtico” al evangelio. Sin lugar a duda existen muchas maneras de dar acceso al evangelio a las personas (por ejemplo, los medios de comunicación, la película Jesús, etc.). A pesar de esto, mi convicción es que no podemos poner tanta confianza en ningún método para garantizar el éxito de este objetivo como en fundar una congregación evangelizadora al alcance de cada miembro del grupo. La gente puede o no sintonizar un programa cristiano de radio, pero difícilmente pueden ignorar una congregación cristiana en el corazón de su comunidad. De esta manera llegarían a tener acceso auténtico al evangelio y podríamos decir que la clausura es inminente.

Cuarto (y último), el objetivo de la iglesia local es el de asegurar que cada congregación realmente haga llegar el evangelio de una forma encarnada y comprensible a cada persona. Cuando esto ocurre el individuo puede tomar una decisión informada en cuanto a aceptar o rechazar el mensaje. Si esto llegara a ocurrir para todo el grupo, podríamos hablar de clausura verdadera.22

 

La participación ideal de la fuerza misionera

Si esta manera de concebir la tarea es acertada, nos sugiere muchísimo sobre la participación estratégica de la fuerza misionera. La pregunta crítica llega a ser: ¿Cuándo se pasa el relevo a la iglesia autóctona? Y la respuesta, sin lugar a dudas, debería ser: “Cuando la iglesia sea capaz de terminar la tarea.”

Si nuestro objetivo final es Si nuestro objetivo final es el de ver que cada persona tenga una oportunidad auténtica de tomar una decisión inteligente a favor de Cristo, la responsabilidad misionera sólo acabará cuando sea una suposición realista pensar que el movimiento de iglesias finalizará la tarea.23

Con esto en mente, creo conveniente agrupar los cuatro objetivos que hemos ido desarrollando en dos metas principales. Estas no son tan diferentes a las metas expuestas en el lema del movimiento AD2000 and Beyond.24 Los primeros dos objetivos se pueden resumir como la meta misionera: “Cada agrupación humana (nación, pueblo étnico, megaciudad) con un movimiento multiplicativo de iglesias capaz de ofrecer el evangelio a cada persona.” Los otros dos objetivos se pueden resumir como la meta del movimiento: “Cada persona con una oferta encarnada y comprensible del evangelio.”

La primera meta es, en su primera etapa, la responsabilidad de la fuerza misionera y, en su segunda etapa, una responsabilidad compartida con el movimiento de iglesias. La segunda meta es principalmente la responsabilidad del movimiento. Esto no significa que no haya algo de falta de claridad en la determinación de cuándo la primera meta ha sido superada por la segunda en un caso concreto. Lo habrá, seguramente, porque la vida real raras veces presenta la nitidez antiséptica de la teoría. A pesar de esto, para reconocer mejor cuándo se ha alcanzado el punto de transición, indaguemos un poco más en el concepto de masa crítica.

 

Definiendo masa crítica: el punto de transición

Lo que estoy sugiriendo es que se debe lograr masa crítica antes de poder pasar el relevo de la gran comisión de forma responsable. Por supuesto, determinar el momento preciso en que esto ocurre puede ser bastante difícil. Algunos han sugerido que cuando un 20% de la población es “cristiana” se ha llegado a este momento. Pero aunque esta cifra sea alta, es inadecuada.

La razón por la que la cifra de Lausanne es tan alta (20%), en mi estimación, es porque la cifra representa “cristianos practicantes”. ¿Pero qué es, exactamente, lo que “practican”? ¿Sólo aparecen para los cultos? ¿Y a qué cultos aparecen? Se podría tener un 40% de “cristianos practicantes”, y no tener un movimiento que esté alcanzando su propio grupo de forma adecuada. ¡Lo que se necesita es un porcentaje de creyentes genuinos, regenerados y llenos del Espíritu que puedan, y por la gracia de Dios, vayan a alcanzar a su pueblo! Lo que se necesita es una masa crítica reproductiva. Al mismo tiempo debe ser una masa crítica lo suficientemente grande. En otras palabras, puede que exista la
vida y la visión, pero los recursos humanos todavía son demasiado escasos como para acabar la tarea. También se podría dar el caso de que existan los recursos necesarios, pero falte el dinamismo  requerido. Por lo tanto, masa crítica se debe entender como una realidad de dos componentes. Debe haber vida verdadera sana, y esa vida debe existir en cantidades suficientes como para poder
completar la tarea.25

Aquello que representa masa crítica, por lo tanto, probablemente variaría de un grupo a otro dependiendo mayormente de la interacción de los dos factores mencionados. Pero también se vería impactado por muchos otros factores contextuales como las estructuras sociales, la receptividad, la libertad, etc. Obviamente, una determinación sobre el asunto se tendría que hacer caso por caso. Sin embargo, a modo ilustrativo, me imagino que si un 3-5% de una agrupación constituyera un movimiento de iglesias vibrante y multiplicativo, podríamos empezar a hablar de masa crítica. Tendríamos tanto el dinamismo vital de iglesias comprometidas como los recursos humanos suficientes para realizar la tarea.

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17 “What does ‘reached’ mean? An EMQ survey,” Evangelical Missions Quarterly, Julio 1990, 318.
18 Ibid., 320.
19 Al igual que el término “alcanzar”, “clausura” también se entiende de muchas maneras. En general, se suele utilizar en términos de cumplir con la tarea misionera. Por ejemplo Ralph Winter lo suele utilizar para lo que, en mi esquema, es la primera etapa, establecer un testimonio en cada grupo. Por eso, él enfatiza que la tarea misionera esencial es la de penetrar en cada grupo. (Ralph Winter y Bruce Koch, “Finishing the Task: the Unreached Peoples Challenge”, Mission Frontiers, Junio 2000, 31-32). Para otros la clausura está en la segunda etapa de mi esquema. Estos usos tienen su lógica, en términos del énfasis que subrayan. Sin embargo, soy de la opinión de que es más útil elaborar una terminología que englobe el proceso entero. Así, al enfatizar ciertos puntos clave en el proceso, no perdemos de vista la visión completa.
20 Robertson McQuilkin, “Six Inflammatory Questions,” EMQ, Abril 1994, 132.
21 En algunas tribus, se ha dado el caso de que la mayoría del grupo se ha convertido en un mismo día.
22 Obviamente “clausura verdadera” es, en términos matemáticos, un concepto un tanto hipotético, ya que en cada agrupación humana, cada día nacen niños y cada día hay niños que llegan a la edad de la responsabilidad. Además, aún si se diera el caso de haber evangelizado a cada persona, siempre continúa la necesidad de discipular a los convertidos, y siempre se puede seguir compartiendo con las personas que han oído y todavía no han respondido. Estas observaciones, sin embargo, no restan utilidad al término.
23 Una afirmación tal no pretende fomentar la vieja idea de que la iglesia nacional sigue siendo el “hermano menor” de los misioneros hasta que llegue a una indefinida “mayoría de edad”. Más bien es una afirmación de que la actividad misionera – compartida con la iglesia nacional – es legítima y necesaria hasta que la obra nacional no requiera más ayuda externa. Creo que en España tenemos un caso interesante de lo que quiero decir. A nadie (¡espero!) se le ocurriría decir que la “obra nacional” no tiene mayoría de edad. Sin embargo, tampoco en los cuatro años que he estado aquí, he oído jamás a alguien decir que la obra no pueda valerse de colaboradores extranjeros. Para mí es un caso clásico de un movimiento de iglesias en la segunda etapa. Por lo menos, así lo entiendo, y así justifico mi presencia y participación en la obra.
24 Cuando publiqué, en 1996, la versión original de este escrito en inglés, incluí la siguiente nota: “Con frecuencia me he preguntado cómo el movimiento AD2000 puede hablar en serio de ‘clausura’ y todavía hablar de ‘Una iglesia para cada pueblo y el evangelio para cada persona para el año 2000.’ Esta duda me fue aclarada en la edición marzo/abril 1995 de Mission Frontiers, cuando Ralph Winter escribió que ‘es equivalente decir una iglesia para cada pueblo y (así) el evangelio para cada persona para el año 2000.’ (cursiva y paréntesis de él). ¡Ha colapsado las dos categorías en una! Y mientras que él elogia la importancia del acceso culturalmente relevante al evangelio a nivel individual, es obvio por lo escrito en este editorial que ha traspasado el segundo objetivo al primero. Esto representa una seria disminución de la carga de la gran comisión. Si esto es lo que se entiende por la segunda frase, ¡se puede suprimir completamente!”
En contraste, más recientemente otro portavoz de este movimiento ha escrito con mayor claridad sobre estas metas. Luis Bush en el artículo ya citado varias veces declara que su entendimiento del lema del movimiento es “el establecimiento de un movimiento de iglesias con visión misionera dentro de cada grupo étnico o ciudad no alcanzado o no evangelizado para el año 2000, para que cada persona pueda tener una oportunidad válida de experimentar el amor, la verdad y el poder salvador de Jesucristo en comunión con otros creyentes.”
25 En las versiones originales de este artículo, había definido “masa crítica” de la siguiente manera:
“Debe haber un auténtico compromiso con la tarea, y deben existir los recursos suficientes para completar la tarea.” Mi actual definición es más amplia ya que, habiendo tenido contacto con los estudios mundiales del Instituto para el Desarrollo Natural de la Iglesia, considero que en tal definición,
el primer componente era demasiado estrecho. La dinámica a la que apunta no es sólo una cuestión de
compromiso genuino. Es una cuestión de vida verdadera y sana. Y mientras no quedaba reflejado adecuadamente en la definición, otras de mis afirmaciones claramente iban ya en esa dirección.