Maneras de enfocar la tarea

Estudios BioIglesia

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Desafortunadamente, a la hora de contestar estas preguntas, la iglesia ha tenido tendencia a seguir modas. Cada cierto tiempo surge una nueva teoría y todo el mundo intenta ajustar su programa misionero al nuevo paradigma. Las iglesias cambian sus prioridades económicas. Las agencias misioneras reasignan a sus misioneros. Las revistas cristianas dan prioridad a las nuevas perspectivas y se “olvidan” de las anteriores.

Mirándolo desde una perspectiva positiva, estas nuevas teorías han aportado luz adicional a las variadas dimensiones de la tarea. Robertson McQuilkin, ha resumido varios de los enfoques más destacados que se han sugerido en las últimas décadas. En un artículo perspicaz, titulado “Seis maneras de ver la tarea”,5 él trata seis énfasis que deben ser incorporados a nuestras reflexiones sobre la tarea de evangelización global. Dos de los énfasis que menciona McQuilkin son lo suficientemente parecidos como para considerarlos juntos, así que nos quedarían cinco. Por razones que mencionaré en breve, a estos cinco quiero añadir otro, con lo que volveríamos a tener seis maneras de enfocar nuestro cometido.

Para aportar claridad, creo que se pueden agrupar estas seis perspectivas sobre el cumplimiento de la gran comisión en tres categorías relacionadas con tres preguntas: ¿Por qué?, ¿Cómo? y ¿Cuándo? Luego relacionaremos estas categorías con el esquema general que iremos desarrollando.

 

Categoría 1: Enfoques que destacan la necesidad

Primero, existen lo que me gustaría llamar enfoques que destacan la necesidad. Estos responden a la pregunta ¿Por qué? “¿Por qué deberíamos llevar a cabo la tarea?”

 

1. Los Perdidos.
Aquellos que se centran en “los perdidos” contestan la pregunta ¿Por qué? de esta manera: “Porque cualquiera que no haya respondido al evangelio irá a una eternidad sin Cristo.” Responder a la gran comisión exclusivamente desde esta perspectiva nos podría llevar a dos extremos. Un extremo sería ir donde numéricamente existen la mayor cantidad de personas no creyentes (y todos los misioneros acabarían en China, ¡porque allí hay más personas que en ningún otro lugar!). El segundo extremo sería ir al lugar que, personalmente, mejor nos parece porque ningún individuo tiene prioridad sobre otro. Cualquier persona sin Cristo necesita el evangelio. El vecino de al lado está tan perdido como el indígena de las selvas más oscuras de África.
Este primer enfoque nos recuerda que la salvación debe ser aceptada a nivel personal. Nos recuerda que, en última instancia, la salvación de individuos debe ser siempre nuestro objetivo.
Sin embargo, este enfoque también puede conducir a una incapacidad para priorizar. Como ninguna persona es más importante que otra, ninguna estrategia es más importante que otra, y ningún misionero o ministerio más digno de apoyo que otro. Obviamente, hacen falta más perspectivas sobre la tarea.
 

2. Los No Alcanzados.
Un segundo enfoque tiene a los “no alcanzados” en el punto de mira y contesta la pregunta ¿Por qué? de otra manera: “Porque hay personas que tienen muy poca oportunidad de responder al evangelio.” Esta falta de oportunidad se puede entender de varias maneras. Podríamos dar prioridad a aquellos lugares donde existe una baja proporción entre misioneros y no creyentes o a aquellos lugares donde existe una baja proporción entre creyentes y no creyentes o entre iglesias y no creyentes.6
En una variante o la otra, la preocupación es parecida. Este enfoque nos anima a ir donde Cristo no ha sido anunciado (Romanos 15:20). Nos anima a llevar las buenas nuevas a aquellos que todavía no han tenido oportunidad de oírlas. También presta una gran prioridad a la obramisionera, ya que nos urge a no invertir de forma redundante y poco estratégica en aquellos lugares que tienen un mayor acceso al evangelio.
Sin embargo, por bueno que sea este enfoque, tampoco se puede usar como criterio absoluto. La obra misionera no es exclusivamente legítima sólo en los lugares menos alcanzados. Algunos se han pasado con este enfoque, llegando a comentarios tan desafortunados como “¡Nadie tiene el derecho de oír el evangelio dos veces hasta que todos lo hayan oído una vez!”. En otros casos, el deseo legítimo de establecer qué grupos tienen menos oportunidad ha llevado a menospreciar la necesidad de grupos con una presencia cristiana, aunque sea pequeña; un crecimiento fuerte, aunque sea inmaduro;7 o una tradición histórica, aunque sea defectuosa.8 La necesidad de un grupo no quita la de otro.
Es evidente que este enfoque necesita equilibrarse con el anterior.

 

Categoría 2: Enfoques que destacan el modo de acercamiento

La segunda categoría de enfoques destacan la manera de identificar el grupo a alcanzar. Estos responden a la pregunta ¿Cómo? “¿Cómo deberíamos llevar a cabo la tarea?”9

 

3. Los Grupos Étnicos.
El enfoque del los “grupos étnicos” contesta la pregunta ¿Cómo? respondiendo, “según los grupos etnolingüísticos.”
Una de las ventajas importantes de este enfoque es su alta correlación con el concepto bíblico de las “naciones”. También, es una excelente manera de identificar grupos importantes en los cuales hay que iniciar un esfuerzo misionero. Impulsado en gran medida por el trabajo visionario de Ralph Winter, esta perspectiva amplió considerablemente la visión de la iglesia de lo que suponía cumplir con la gran comisión. En vez de pensar meramente en las naciones geopolíticas del mundo (unas 237), de repente se entendió que había unos 12.000 a 24.000 grupos étnicos definibles (dependiendo del criterio usado)
que merecían esfuerzos evangelísticos independientes. Fue, en la soberanía de Dios, un adelanto sin precedentes, porque nos ayudó a “descubrir” miles de grupos que habían sido ignorados previamente.
Pero una vez más vemos que se puede exagerar el valor de una perspectiva sana. Algunos pasaron a extremos ilógicos como el de identificar a los chinos que trabajaban en restaurantes en Seattle (EE UU), o a los peluqueros de Osaka (Japón), como “grupos escondidos”. También hay que tener presente que muchos de estos grupos son muy pequeños. En un bloque de apartamentos en Hong Kong pueden caber unas cien tribus del tamaño del famoso grupo “Auca” del Ecuador.10
Por eso es imprescindible equilibrar este enfoque con otro.

 

4. Los Centros Urbanos.
Esta es una perspectiva que McQuilkin no menciona, pero que es digna de añadir debido al enorme crecimiento de las ciudades este último siglo. Responde a la pregunta ¿Cómo? así: “Según las megaciudades.”
En 1987 Harvie Conn escribía que “hace tan poco como en 1900, seis de cada siete personas vivían en el mundo rural... Pero ahora la mitad de la raza humana vive en ciudades, con algunos centros urbanos cómo Bogotá creciendo a un ritmo de 4.000 a 6.000 personas por día.”11 El reto que representa esta macro-tendencia es aún mayor si consideremos que, por lo general, el porcentaje de cristianos en las ciudades está mermando. Y aunque muchas de estas megaciudades no se encuentren en grupos técnicamente “no alcanzados”, su crecimiento explosivo es un desafío ineludible en cuanto al cumplimiento de la gran comisión.
Sin embargo, no debemos olvidar que no todo el mundo vive en las grandes ciudades. En España, por ejemplo, quedan unos 7.600 pueblos que todavía carecen del testimonio de una iglesia evangélica. Además, el ver la ciudad como unidad nos puede cegar a la presencia de etnias diversas dentro de
la ciudad, aun si éstas no merecen ser consideradas un grupo etnolingüístico que requiera un esfuerzo misionero propio.
En esta categoría, como en la anterior, los dos enfoques necesitan equilibrarse. Veo una evidencia de que esto está ocurriendo en el hecho de que Luis Bush, el director internacional del movimiento AD2000 and Beyond, describe el objetivo del movimiento como “el establecimiento de un movimiento de implantación de iglesias con una mentalidad misionera en cada pueblo (grupo étnico) y ciudad no evangelizada y no alcanzada para el año 2000...” (Énfasis mío)12 Considero el emparejamiento de los dos enfoques un indicio de la creciente madurez del movimiento.13

 

Categoría 3: Enfoques que destacan el momento oportuno

La tercera categoría responde a la pregunta ¿Cuándo? “¿Cuándo deberíamos llevar a cabo la tarea?”

 

5. Receptividad.
El famoso principio de “los pueblos receptivos” del movimiento de iglecrecimiento argumentaba que
deberíamos involucrarnos de lleno en la tarea cuando Dios obviamente está convirtiendo a la gente en
cantidades masivas. La iglesia actúa cuando Dios actúa.
Uno de los valores de esta perspectiva se halla en el reconocimiento de “ventanas de oportunidad.” No
sabemos por cuanto tiempo Dios permitirá el avivamiento en un grupo, y por lo tanto deberíamos aprovechar el momento. Generalmente estos tiempos de gran avivamiento no suelen durar más de 15 años y el interés por la “cosecha de almas” es justificable.
Pero con este enfoque existe cierto peligro de volcarnos todos en el mismo trabajo a la vez. Corremos el peligro de desplazar demasiado de un lado a otro a las “tropas” misioneras. Es posible correr de un avivamiento a otro dejando atrás, en los sitios difíciles, sólo una presencia mínima. Si hacemos eso, puede que acabemos ralentizando el pequeño progreso que sí se está viendo en esos lugares “difíciles”. Además, ¿es verdad realmente que Dios no está actuando cuando las cosas van aparentemente lentas? No nos olvidemos de que nuestro Dios es el Dios que manda a un Moisés al desierto unos 40 años, y el que hace de los llamados “400 años de silencio” el “cumplimiento de los tiempos” (Gálatas 4:4).14

 

6. Accesibilidad.
Por otro lado está el enfoque que nos hace reflexionar sobre la soberanía de Dios en conceder o limitar el acceso a ciertos lugares. Algunas veces el Señor permite que no exista libertad plena para llevar el evangelio. McQuilkin sugiere que posiblemente donde el Señor permite menos acceso misionero nuestra responsabilidad merma un tanto.15 Llevamos a cabo la tarea cuando y en la medida que el Señor lo permite.
Este enfoque nos recuerda que el Señor quita y pone reyes. Y en algunos casos, lo que nos parece un retraso es realmente el inicio de un nuevo día para el avance del evangelio. Sólo hace falta pensar en China. Cuando los comunistas echaron fuera a los misioneros, se temía por el futuro del pueblo de Dios. Sin embargo, hoy día el crecimiento de la iglesia ha sido tal que probablemente supere los 40 millones de personas y es la vergüenza del régimen que quiso aplastarlo.16
Pero que el acceso sea “limitado” no significa que sea “imposible”, y por consiguiente no deberíamos lavarnos las manos de nuestra responsabilidad de orar para que el Señor obre. También deberíamos buscar maneras creativas de difundir el evangelio a pesar de las dificultades. Aprovechar, por ejemplo, la apertura de algunos países cerrados a profesionales especializados, o usar medios, como la radio, que traspasan fronteras. Huelga decir que muchas de las páginas más gloriosas de la historia de la iglesia han sido escritas por las hazañas de siervos de Dios arriesgados y sacrificados que llevaron la palabra donde aparentemente no se podía.

 

Las circunstancias versus al objetivo final

Todos estos enfoques son importantes y necesarios en la tarea de evangelización global. Sin embargo, surgen problemas cada vez que tomamos uno de estos enfoques y lo convertimos en un paradigma total para la misión mundial de la iglesia. La razón de que ninguno de estos enfoques pueda servir
como paradigma total es que son definidos más por las circunstancias de la misión que por el mandato de la misión.

La mayoría de las perspectivas mencionadas toman alguna realidad sociológica, política o estadística como la clave principal y elaboran los detalles desde ese punto de partida. Los que abogan por grupos etnolingüísticos señalan los 12.000 (o 17.000 o 24.000) grupos en el mundo y declaran: “¡Esta es nuestra tarea!” Los que abogan por las megaciudades ven el explosivo crecimiento de las poblaciones urbanas con su pobreza e intricados problemas sociales y se preguntan: “¿Cómo las ganaremos para Cristo?” Aquellos que se centran en países de acceso restringido se preguntan, “¿Cómo entrar?”

Me gustaría sugerir que estas consideraciones son tácticas y secundarias. Son importantes, y aportan muchísimo a nuestra manera de entender lo que queda por hacer. Sin embargo, por importantes que sean, se deberían tratar sólo después de que hayamos tratado la consideración estratégica y primaria. Y la consideración estratégica y primaria es esta: “¿Cuál es el objetivo verdadero de la gran comisión?” Tal pregunta nos conducirá a una teoría orientada al objetivo final versus unas orientadas a las circunstancias.

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5 Robertson McQuilkin, “Looking at the Task Six Ways,” Evangelical Missions Quarterly, Enero, 1983).
6 Las variantes “creyentes / no creyentes” y “misioneros / no creyentes” representan 2 de los enfoques mencionados por McQuilkin en su artículo. La variante “iglesias / no creyentes”, o más bien, “iglesias / grupo” es uno de los criterios usado por el Proyecto Josué 2000. En concreto, uno de los criterios que usan para establecer su lista de los grupos “no alcanzados” es el de grupos mayores de  10.000 personas con una iglesia autóctona de menos de 100 creyentes.
7 El comentario de John Stott es interesante en este contexto: “La situación cristiana es extraña, trágica y poseída de una paradoja preocupante. En algunos lugares la iglesia está creciendo fuertemente, pero aún en estos casos el problema es el de crecimiento sin profundidad. En resumen, la iglesia carece del discipulado adecuado.” Citado por Luis Bush, “Where are we now? Evaluating Progress on the Great Commission”, Mission Frontiers, Junio 2000, 14.
8 Muchos de nosotros que trabajamos en zonas del mundo con una larga historia cristiana tenemos que hacer frente a menudo a esta perspectiva. Algunas personas nos transmiten la impresión de que si no trabajamos en la “Ventana 10/40” no estamos plenamente en la voluntad del Señor.
9 Alguno se preguntará porqué no aparecen las naciones geopolíticas como un enfoque dentro de esta categoría. Supongo que habría razones para incluirlo. De hecho existen varias iniciativas importantes que parten de esta perspectiva. Sin embargo, no incluyo este enfoque aquí porque considero que a nivel estratégico, en la mayoría de los casos, en algún momento se tiene que pasar a los otros dos enfoques para la planificación seria. En aquellos casos donde no existen subdivisiones estratégicas de una nación es porque, de facto, representan sólo a un grupo étnico, y probablemente no tienen ninguna megaciudad con las consiguientes complicaciones. Esto no quiere decir, sin embargo, que la óptica nacional no sea una ayuda. ¡Desde luego que lo es! En muchos casos nos ayuda a enfocar una cantidad menor de subgrupos y/o nos facilita la gestión de la estrategia.
10 Fue un comentario sobre esto hecho por mi profesor de misionología, Ray Prigodich, en una clase del seminario lo que me motivó en un primer momento a escribir este artículo.
11 Harvie Conn, A Clarified Vision for Urban Mission (Grand Rapids: Zondervan, 1987), 14.
12 Bush, Ibid., 14.
13 También se puede apreciar esta creciente madurez en el desarrollo de conceptos más refinados, cómo el de grupos “unimax”. Un grupo unimax es “el grupo más grande dentro del cual el evangelio puede difundirse como un movimiento de implantación de iglesias sin topar con barreras de entendimiento o aceptación.” Tiene en cuenta factores adicionales a etnicidad e idioma para perfilar la tarea. Mientras que se puede decir que hay unos 3.000 grupos étnicos no alcanzados, existen unos 10.000 grupos unimax no alcanzados (Ralph D. Winter y Bruce A Koch, “Finishing the Task: The Unreached Peoples Challenge”, Mission Frontiers, Junio 2000, 24-25).
14 El misionólogo James F. Engel, en este contexto, relata la historia de los Quichua del Ecuador, que en su momento eran considerados entre los más resistentes al evangelio. Unos 70 años de obra misionera sólo consiguió unas cuantas conversiones a Cristo. Sin embargo, en 1965 surgió un movimiento de iglesias vibrante. Una misionera en particular fue identificada como la que había tenido la mayor influencia sobre aquellos que luego fueron seguidores de Cristo. Ella había muerto sin ver una sola persona entregarse a Cristo. (“Getting Beyond the Numbers Game”, Christianity Today, 7 de agosto 2000, 57)
15 McQuilkin, Ibid., 9.
16 Samuel Chiang, “The China challenge: new lenses for a new millenium” Evangelical Missions Quarterly, Abril, 2000, 166.