Participación en torno a las 2 metas

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Conclusiones teóricas

Obviamente, habría que trabajar sobre estas líneas mucho más. Por ejemplo, se me hace que los objetivos 1, 3 y 4 son más fáciles de medir que el de masa crítica (objetivo 2). Es relativamente fácil saber cuándo se ha establecido una base. Es un asunto relativamente fácil determinar si existe una iglesia evangelística al alcance de cada persona en un grupo. Y aunque probablemente no se podría indicar el día exacto, en la mayoría del mundo las iglesias que hubieran saturado su zona lo sabrían – sobre todo si esta zona fuera tan reducida como las 500 a 1000 personas que sugiere el movimiento Amanecer (DAWN).

¿Pero cómo determinar si se ha alcanzado masa crítica? Mientras que uno probablemente no lo podría determinar a ciencia cierta, se podría estudiar los movimientos de iglesias en lugares donde ya se ha superado ese punto. ¿Cuándo “prendió fuego” la cosa para ellos? ¿Qué tipo de liderazgo tenían? ¿Qué clase de salud existía en las iglesias? ¿Cómo de fuerte era su compromiso con la idea de completar la tarea? ¿Qué porcentaje de la población se podría considerar cristianos regenerados y reproductivos? La unión de varios factores como estos podría indicar que se había alcanzado masa crítica. Y si estos factores no estuvieran presentes en medida suficiente, por lo menos nos podrían dar una idea de lo cerca o lejos que un grupo estaba de masa crítica. Quizás se podría hasta desarrollar un modelo donde tales consideraciones recibirían una puntuación estadística y serían calculadas dentro de una ecuación típica.

Es digno de mencionar que el movimiento Amanecer funciona según principios paralelos a muchos de los expuestos en este escrito. Los escritos de Jim Montgomery recaen sobre mi tercer objetivo al preguntar qué será necesario para poner una iglesia evangelizadora al alcance de cada persona. Mis comentarios han puesto énfasis sobre lo que será necesario para conseguir que un movimiento de iglesias llegue hasta el punto donde pueden pensar en hacer eso. Su enfoque está puesto más en la meta del movimiento de iglesias, el mío más en del esfuerzo misionero como el prerrequisito de la meta del movimiento de iglesias. Y en ese sentido, consideraría la estrategia de Amanecer (como otras estrategias de saturación estableciendo iglesias) una estrategia buenísima siempre que exista masa crítica.26

 

Potenciando a la iglesia

Por consiguiente huelga preguntar: ¿Cómo ir en busca de masa crítica? La respuesta patente es buscando maneras de potenciar, dentro del movimiento de iglesias, los dos componentes de masa crítica: vida verdadera sana y las cantidades suficientes de esa clase de vida. En otras palabras, es necesario potenciar la calidad y la cantidad.

Tristemente, con frecuencia estos dos términos han estado peleados entre sí en la iglesia. Existen aquellos que defienden la calidad a expensas de la cantidad y otros que hacen lo contrario. Afortunadamente, hay muchos que buscan tanto la calidad como la cantidad, entendiendo que la calidad es imprescindible para sostener la cantidad, y que la calidad sin la cantidad puede ser una mera excusa para no estar comprometido con la gran comisión.

Entre aquellos enfoques que buscan tanto el crecimiento cualitativo como cuantitativo, creo que el del Desarrollo Natural de la Iglesia puede hacer una aportación singular.27 Sobre todo porque relaciona la calidad y la cantidad de forma comprobada y programática. Basado en el descubrimiento, a escala
mundial, de que la salud integral de las iglesias es el mejor índice de su crecimiento sostenido, proporciona una herramienta fiable para medir la salud global de una iglesia. También ofrece una serie de recursos para mejorar esa salud y así el crecimiento de la iglesia.

Sin embargo, el valor más grande del enfoque del Desarrollo Natural de la Iglesia (DNI) puede pasar desapercibido si sólo pensamos en estadísticas y herramientas. Su aportación principal no se encuentra en el campo de ser un “método” para potenciar la iglesia. Más bien reside en la perspectiva de que la iglesia crece mejor cuando funciona según la naturaleza que Dios ha puesto en ella. Este crecimiento ocurre de forma natural porque cuando responde a su impulso “genético”, por así decirlo, esta clase de crecimiento es nada más y nada menos que el impulso imparable de la vida. Es por ello que los principios enseñados suenan verdaderos para pastores de iglesias en crecimiento28 y líderes de movimientos de iglesias en crecimiento.29

Y lo que puede aportar el DNI al desarrollo de masa crítica en un movimiento de iglesias se sugiere en la experiencia de un grupo de trabajo inter-denominacional en Dinamarca. Christian Schwarz, el fundador del Instituto para el Desarrollo Natural de la Iglesia, me comentó en una conversación que cuando él empezó a trabajar con este grupo, acababan de terminar un proceso de planificación para saturar el país estableciendo iglesias. Ahora emprendían un programa de dos años con el proceso del DNI. Christian comentó que viendo los enfoques de los dos procesos, el grupo entendía que tendrían que haber hecho el DNI primero. ¿Por qué? No porque uno es mejor que el otro, sino porque en el contexto actual,30 uno lógicamente precede al otro. Si no se ha completado la etapa 2, no se puede pasar a la etapa 3.31

 

Conclusiones Prácticas

La forma de concebir la misión de la iglesia en el mundo expuesta en estas páginas tiene muchas consecuencias prácticas. Mencionaré algunas de las que considero más interesantes.

1. Debemos pensar más en clausura verdadera y menos en fechas mágicas. En 1996, cuando elaboré la primera versión de este escrito,32 escribí el siguiente comentario: “Sin un derramamiento extraordinario del Espíritu Santo en los próximos años no existe ninguna posibilidad de alcanzar nuestro objetivo final a escala mundial para el año 2000. Ni siquiera es probable que logremos alcanzar la meta misionera. Por tanto, los estrategas y promotores de misión deberían dejar de fomentar falsas esperanzas al hablar de ‘clausura’ para el año 2000. Es irresponsable. Es más, ‘clausura’ ni siquiera es un concepto que se debería de aplicar a la etapa de la tarea a la que se suele aplicar. Clausura es un
concepto que pertenece al último objetivo (el cuarto), no al primero, ni aún al segundo. Desafortunadamente, existen los que transmiten la idea de que nuestra tarea habrá terminado cuando hayamos conseguido establecer una cabeza de puente en cada grupo.”

Cito este comentario con la perspectiva histórica para demostrar cómo a menudo la misión de la iglesia se promociona más en términos publicitarios (¡para el año 2000!) que con una sana reflexión sobre la tarea que realmente nos toca realizar, si el Señor tarda en su venida.33 Esto no significa que estas metas no hayan servido para animar a la iglesia a trabajar con gran esfuerzo, sino que deberíamos guiar la labor más por reflexión clara y menos por fechas mágicas.

2. Debemos dejar de promocionar la gran comisión a escala mundial en términos de la popular dicotomía “alcanzado/no alcanzado”. La tarea es mucho más compleja que esto, y esta dicotomía produce muchos malentendidos entre aquellos no especializados en la materia. Creo que modelos como el que estoy sugiriendo aportarían mayor claridad en términos pedagógicos. Al igual que todo creyente es un teólogo (porque piensa sobre Dios), todo creyente es un misionólogo (porque piensa sobre el plan de Dios). La cuestión es si son buenos o malos misionólogos. Ayudémosles a ser de los buenos.

3. Con tanto énfasis en la actualidad sobre grupos a alcanzar, no deberíamos perder de vista el tamaño de los grupos. El equilibrio es imprescindible en esto para no dar demasiada importancia a uno (o dos) de los seis enfoques mencionados al principio. Por ejemplo, priorizar sólo los grupos étnicos es un ejercicio en números decrecientes, ya que cada vez los grupos que quedan por alcanzar son más y más pequeños, por lo general. Estas observaciones no se deberían entender como un argumento a favor de no iniciar esfuerzos en estos grupos. Más bien es un argumento en cuanto a no pensar que en grupos étnicos enormes o megaciudades unos cuantos obreros son suficientes. Claro que hay que empezar en cada grupo, pero también hace falta invertir recursos en cantidades que se correspondan con el tamaño del grupo.

4. Es legítimo enviar misioneros a trabajar en lugares donde no se ha alcanzado masa crítica todavía si estos se envían con una tarea que corresponde a la situación del movimientos de iglesias al que va. ¡Dejemos de molestar a la gente que el Señor no ha enviado a la “Ventana 10/40”!

Dicho esto, quiero dejar patente que considero el énfasis en la “Ventana 10/40" y en los “grupos no alcanzados” muy saludable. Nos mantiene honestos en nuestro cometido a nivel mundial. Nunca alcanzaremos clausura verdadera en todos los grupos, si primero no empezamos una obra en cada grupo. Esto también explica parte de la razón por la que la “ola de participación” disminuye dramáticamente después de alcanzar masa crítica (ver la página 20). Una vez que el movimiento de iglesias es capaz de terminar la tarea en su grupo, la fidelidad a la gran comisión para todo el mundo requiere la redistribución de recursos escasos a otros grupos que todavía no han llegado a ese punto.

5. En nuestro deseo de ver el crecimiento cuantitativo de la iglesia no debemos olvidarnos de su crecimiento cualitativo. Jesús nos dejó un mandamiento que engloba los dos enfoques en Mateo 28:19-20. “Haced discípulos a todas las naciones” (crecimiento cuantitativo), “Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (crecimiento cualitativo). Desgraciadamente, hay casos en los que nuestro éxito en el crecimiento numérico nos ha cegado a una debilidad extraordinaria en el crecimiento cualitativo.34 Ambos enfoques son imprescindibles para crecimiento sostenible.

6. Hace falta ser más exigentes con el papel de los misioneros en los grupos a los que van. Hoy por hoy, por lo menos en el ambiente que conozco entre el pueblo evangélico de Estados Unidos (y me imagino en otros países también), existe poca claridad sobre este asunto a nivel popular. Con demasiada frecuencia, sólo afirmando que “el Señor me ha llamado a hacer esto o aquello en tal país” los fondos se conceden. Por lo tanto, existen ministerios que se desarrollan, en el mejor de los casos “para el bien de la iglesia” en un sitio u otro, que en poco se corresponden con las necesidades más reales del movimiento de iglesias al que el misionero va. Y en muchos casos ni siquiera se hace la pregunta de si lo que el misionero está haciendo realmente ayuda a que el movimiento llegue ser viable en la misión35.

Frente a la realidad de que la inmensa mayoría de recursos económicos y humanos están volcados en áreas del mundo con mayor testimonio cristiano,36 este criterio debe utilizarse más. La participación estratégica en la gran comisión implica invertir, bien sea con dinero, esfuerzo o personas, de una manera que se corresponda con las necesidades del estado actual del movimiento de iglesias para que éste pueda ser capaz a la larga de ofrecer el evangelio a cada persona en su grupo. Si la participación pretendida no hace esto de forma patente, debería reevaluarse.

7. Existe un reto claro para el movimiento de iglesias. La participación extranjera debería disminuir al alcanzar masa crítica. Pero la participación nacional sigue. El movimiento nacional tiene la responsabilidad de completar la tarea para su pueblo. Por consiguiente, el reto es primero el de poner una congregación al alcance de cada persona (etapa 3), y luego el de ver que esas congregaciones verdaderamente hagan llegar el mensaje a cada persona en su zona de responsabilidad (etapa 4).

Este reto concede una clara responsabilidad de multiplicación sobre las iglesias. Cada iglesia debería de preguntarse: ¿En qué barrio y/o en qué pueblo o ciudad deberíamos multiplicarnos? Y cada denominación o asociación de iglesias debería preguntarse: ¿Dónde deberíamos empezar una nueva obra donde actualmente no existe un testimonio? Claro que sería un error dejar el asunto de la multiplicación hasta la tercera etapa. Tanto por razones bíblicas como estratégicas, esta dinámica debería formar parte del ADN de las iglesias desde el inicio del movimiento.

8. A nivel de creyentes individuales e iglesias locales, deberíamos aumentar el grado estratégico de nuestras aportaciones a la gran comisión a escala mundial. Opino que esto se hace mejor participando dentro del marco de un esquema como el que hemos trazado en estas páginas. Esto es así tanto en culturas diferentes y/o lejanas como en aquellas parecidas y/o cercanas.

La participación estratégica en la gran comisión es sencillamente un asunto de la medida en que la
inversión se corresponde con el estado actual del movimiento de iglesias en el que se invierte.

Obviamente, se puede invertir en varios movimientos a la vez. Claro que tendrá que haber una  inversión especial en la cultura de uno mismo, ya que en contraste con la aportación que uno puede tener en otros movimientos de iglesias, en su propia cultura uno forma parte del movimiento de iglesias, y por lo tanto tiene una responsabilidad especial.

Por ejemplo, en el gráfico de la derecha esto queda reflejado de varias maneras. La perspectiva es la de un creyente o una iglesia local. Su participación más culturalmente “cercana” es su participación en su propio movimiento de iglesias (Nº 1). Es una participación importante (reflejada en el tamaño de los
círculos), y es una participación en la tercera etapa (como es su propio grupo, debe participar en la saturación del grupo con iglesias). En otras culturas, también participa, bien sea apoyando a un misionero pionero (Nº 5), apoyando una obra en la segunda fase (Nº 3) o alguna iniciativa del movimiento de iglesias (Nº 2). Sin embargo, lo que no representaría una inversión estratégica, sería la participación activa en otro movimiento de iglesias en las últimas dos etapas (Nº 4). Existen demasiados lugares en el mundo que todavía no tienen movimientos de iglesias capaces de alcanzar a los suyos. La participación de un creyente o una iglesia estaría mejor invertida allí .37

9. Además de participación según lo que corresponde a las cuatro etapas, podemos añadir reflexión sobre los seis enfoques mencionados al principio. Apoyar a un misionero destinado a una megaciudad no alcanzada de gran receptividad (enfoques 4, 2 y 5) que tiene un movimiento de iglesias en la primera etapa, puede ser una participación estratégica. Apoyar a un evangelista y fundador de iglesias “nativo” en un país de acceso restringido a misioneros extranjeros (enfoque 6) puede ser una participación estratégica.38

Sin embargo, participar en un grupo étnico culturalmente muy distante (enfoque 3), con un grupo de extranjeros haciendo una campaña evangelística de dos semanas de reparto masivo de folletos (enfoque 1) sin referencia al movimiento autóctono de iglesias en la etapa 2 probablemente no sería muy estratégico. Al no participar con el movimiento de iglesias local, su participación estaría descontextualizada (y por lo tanto parecería imperialismo cultural más que otra cosa), y al mismo tiempo no potenciaría aquello que más posibilidad tiene de ofrecer el evangelio de forma contextualizada, la iglesia nacional.

Siempre es posible que existan excepciones a la regla, pero por lo general se debería hacer una relación entre los enfoques circunstanciales y el enfoque orientado al objetivo final. Es decir, participar de tal manera, que en cada grupo exista un movimiento de iglesias capaz de llevar el evangelio a cada persona.

 

Un reto para la iglesia

En conclusión, me gustaría dejar patente algo que espero se haya ido viendo a lo largo de este artículo. Cuando hablamos de participación estratégica en la gran comisión (sea a nivel personal, de iglesia, de movimiento de iglesias, de agencias misioneras, etc.), existe una clara diferencia entre lo que uno puede hacer y lo que uno debe hacer. Uno puede hacer muchas cosas con mayor o menor valor y éxito. Pero si hablamos en términos de lo que uno debe hacer, el asunto cambia por completo.

“Puede” nos habla de opciones. “Debe” nos habla de prioridades: prioridades establecidas por la voluntad de Dios. Y las prioridades siempre tienen que primar sobre las opciones.39 Porque si al final del día hemos hecho todo menos lo que se nos mandó hacer, por más “éxito” que hayamos tenido,
¡habremos fracasado!

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26 En lo que he leído de la literatura de Amanecer (DAWN), tengo la impresión de que donde el enfoque de Amanecer ha funcionado (como en Filipinas y Guatemala) ya existía alguna especie de masa crítica. En otros casos, el establecer objetivos al estilo Amanecer da la impresión de ser una planificación poco realista. El comentario de Roy Wingard sobre los planes tipo “metas de fe” que se han usado para el desarrollo de algunos planes es instructivo. “Todas estas metas están más allá del alcance humano y parecen ir en contra de una de las primeras reglas del establecimiento de metas: es decir, que deben ser razonables.” (Dawn Report, no. 22, Feb. 95, p. 10). Ciertamente las metas de fe ambiciosas pueden ayudar a realizar lo deseado bajo la soberanía de Dios, pero hasta que el movimiento de iglesias en cuestión tenga realmente los recursos y el dinamismo suficiente, tales metas todavía están a un paso, ¡un paso de masa crítica!
27 Christian A. Schwarz, Desarrollo natural de la iglesia: ocho características básicas de una iglesia saludable, Editorial CLIE, 1996.
28 Christian Schwarz escribe, “Es mi experiencia que cada vez que tengo la oportunidad de preguntarles a pastores de iglesias en crecimiento sobre cada uno de estos principios bióticos, aún si nunca han oído hablar de ellos, espontáneamente son capaces de ofrecerme un sin fin de ejemplos sobre cómo aplican estos principios en sus iglesias” (Cambio de paradigma en la iglesia, 244). Tampoco es de sorprender que la experiencia de un pastor como Rick Warren, cuya iglesia ha crecido sobremanera, tenga tantos paralelismos con los conceptos del DNI. (Ver Una iglesia con propósito, Rick Warren.)
29 Después de un viaje a China, Christian Schwarz me comentó que uno de los líderes del movimiento de iglesias caseras le dijo: “Nos gustó mucho lo que decía su libro. Es lo que ya estamos haciendo.”
30 Aunque Dinamarca tiene un movimiento evangélico de un 4,8% de la población, está en la actualidad en un proceso de retroceso: en 1960 representaban un 8% de la población. En 1993, Operation World comentaba que “Dinamarca necesita un nueva visitación de Dios”, y “que el testimonio evangélico es débil.” (Operation World, 1993, 195). Es decir, existen los recursos humanos necesarios, pero falta la dinámica, por lo tanto, no se puede hablar propiamente de una masa crítica.
31 Uno puede hacer una reflexión similar sobre la declaración, hecha en 1998, de la Conferencia de Evangelistas de España: “Declaramos: La necesidad urgente de que todos comprendamos que España es un campo de misión, ya que es un país no alcanzado de Europa. Por ello hacemos un llamamiento al Pueblo de Dios en España a que considere como objetivo que, antes del año 2000, cada iglesia establezca un punto de testimonio en una población en la que no exista actualmente, y que esto sea llevado a cabo de una manera coordinada” (“Conclusiones del encuentro de líderes por la evangelización de España”). Considero un objetivo tal cien por cien acertado y digno de apoyar (ver mi escrito Hacia una teología bíblica sobre la multiplicación de iglesias). Sin embargo, huelga preguntar si, hoy por hoy, todas las iglesias de España tienen la salud necesaria para cumplir con tal objetivo. Afortunadamente, parece que la Conferencia de Evangelistas se ha hecho la misma pregunta, y en consecuencia está preparando un curso de entrenamiento práctico para las iglesias.
32 No la versión publicada en EMQ, sino una versión más larga, escrita para un curso en el seminario.
33 Personalmente, creo que el matiz “si el Señor retrasa su venida” es muy importante. Hay quien
establece su teoría sobre lo que significa que “será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14), y luego afirma que el Señor “no vendrá” hasta que se cumpla ese criterio. Por eso opino que es importante hacer una distinción entre lo que la iglesia debe entender como su cometido total a nivel teórico, y lo que el Señor mismo pueda querer decir con “predicar el evangelio en todo el mundo para testimonio a todas las naciones”. Es decir, la iglesia tiene la obligación de perseguir el objetivo final (la comprensión auténtica del evangelio por cada ser humano), pero el Señor tiene la soberana libertad de decidir cuándo ya se ha dado testimonio suficiente a las naciones. Es posible que las dos cosas sean lo mismo, pero lo dudo. Las Escrituras más bien parecen dar la idea de que el fin vendrá sin el éxito total del evangelio.
34 Por ejemplo, en Ruanda, donde el 85% de la población se identifica como cristiana y un 25% es evangélico y pentecostal (Engel, Ibid., 54).
35 En el diagrama Participación estratégica de la fuerza misionera en un grupo, “fundadores de iglesias” incluye toda clase de ministerio misionero que directamente contribuye al establecimiento de
congregaciones locales multiplicativas. La “Ola” de Participación ilustra el hecho de que llegado a masa critica, la participación extranjera debería decaer marcadamente (hecho que concede a la curva de participación la forma de una ola). También, se debe tener en cuenta que la participación misionera deberá ser proporcional al tamaño del grupo y apropiada a las características de la tarea dentro de ese
grupo. O sea, los ejes horizontales y verticales variarán de tamaño dependiendo de las circunstancias.
También es posible que el proceso quede estancado o ¡incluso vaya marcha atrás! El estado de la obra es algo dinámico, y en el mundo real rara vez sigue la linea recta que va de “Punto A” a “Punto B”.
36 Como muestra de esta realidad, un 74% de los misioneros protestantes se encuentran trabajando en lo que se suele llamar el mundo “alcanzado”. Mission Frontiers, Junio 2000, 30.
37 Nuestra iglesia encomendadora, Southern Gables Evangelical Free Church, en Littleton, Colorado, (EE. UU). tiene una regla bastante útil para participar en la gran comisión de forma estratégica. Divide al mundo en tres grandes bloques. 1. Los “no alcanzados” (poca oportunidad de oír). 2. Los “no evangelizados” (sin acceso auténtico). 3. Los “evangelizados” (con acceso auténtico). Al primer grupo quieren enviar misioneros pioneros y fundadores de iglesias. Al segundo grupo sólo envían misioneros para movilización y desarrollo de liderazgo. Al tercer grupo no envían a nadie, porque estos grupos ya tienen un movimiento de iglesias que se puede hacer cargo de la tarea en su grupo.
38 Tomando en cuenta los posibles peligros de dependencia económica del extranjero.
39 Con esta forma de expresarme, no quiero, en ningún momento, descartar el papel de la dirección especial y particular del Espíritu Santo en cuanto a nuestra participación en la gran comisión. Sin
embargo, en este campo me sorprende cuántas veces “la dirección del Señor” no se sale de nuestros patrones mentales. Creo que con frecuencia subestimamos la posibilidad de que sólo le permitimos al
Señor decir aquello que encaje con nuestros paradigmas. Por eso es tan imprescindible revisar constantemente nuestras ideas favoritas a la luz de las Escrituras, el consejo sabio de otros creyentes y las perspectivas de aquellos que han profundizado en el tema.

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