Una razón implícita: El modelo bíblico supone la multiplicación de las iglesias fundadas

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El papel de las iglesias paulinas

Trataríamos injustamente la genialidad de la estrategia del apóstol si meramente concluyéramos que individuos dotados deben involucrarse en esfuerzos para fundar nuevas iglesias. La estrategia de Pablo, sin duda, iba más allá de sus propios esfuerzos y de los de su equipo. Incluía a las iglesias que él fundó. Pablo esperaba que estas iglesias continuasen la obra de plantar nuevas iglesias, para que de éstas, otras se multiplicaran.

Roland Allen creía que:

La teoría de evangelizar una provincia que tenía San Pablo no era la de predicar en cada sitio él mismo, sino establecer centros de vida cristiana en dos o tres lugares importantes desde los cuales el conocimiento podría extenderse al territorio circundante. Esto es importante, no como evidencia de que él prefería predicar en la capital en vez de un en pueblo de la provincia o en una aldea, sino porque su intención era que su congregación llegase a ser inmediatamente un centro de luz (el énfasis es mío).15

Roger Hedlund está de acuerdo con esta valoración: “El corazón de la estrategia de Pablo era la iglesia... El ministerio de Pablo daba como resultado nuevas iglesias. Dejó detrás congregaciones equipadas para cuidar de sus propias necesidades y unirse a él en la obra de extensión misionera también” (énfasis mío).16 De hecho, Hedlund dice que el estudioso A. R. Hay “cree que Pablo pasó quince de treinta y cinco años ministrando en cinco congregaciones estratégicas en cinco pases. Estas iglesias fueron capaces de continuar el apostolado en su región” (énfasis mío).17 Thomas Schirrmacher también cree que esta era la intención de Pablo. “La estrategia y la visión misionera de Pablo era fundar iglesias en las ciudades más grandes de cada región y entre poblaciones sin iglesia alguna y dejar la labor de alcanzar a todos en una región a las nuevas iglesias mientras él se trasladaba a nuevas regiones” (énfasis mío).18

Pablo esperaba que las iglesias continuasen su misión de plantar otras iglesias. Seguramente esta es parte de la razón por la que él puede escribir a los creyentes en Roma: “Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones...” (Romanos 15:19-23). Pablo no había compartido el evangelio con cada individuo entre Jerusalén y Ilírico (Romanos 15:19). El ni siquiera había fundado una iglesia en cada uno de los pueblos y ciudades de estas regiones. ¿Es posible creer que un hombre que entendía que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (I Timoteo 2:4) se quedase satisfecho simplemente con ver a unas cuantas personas llegar a la fe salvadora en cada una de estas regiones? ¡Imposible! Sin embargo, podía funcionar de la manera que lo hacía precisamente porque él creía que esta era la mejor manera de alcanzar a la mayor cantidad de gente posible.

Que Pablo dedicase tanto tiempo al establecimiento de las iglesias que había fundado cobra aún más sentido si entendemos que él las estaba preparando para continuar su misión en esa localidad. Queda claro según varios textos que el apostol pretendía instruir a sus conversos de tal manera que se iniciara una reproducible reacción en cadena de ministerio. Escribe a Timoteo, “lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” Además, está patente en otros pasajes que el alcance de esta enseñaza era amplia. Cuando Pablo se dirige a los ancianos de Efeso en la playa de Mileto, les recuerda que durante sus tres años de ministerio entre ellos, “nada que fuera útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas” (Hechos 20:20). Siete versículos después manifiesta que “no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27). Esto explica, en parte, por qué Pablo podía decir en el versículo anterior: “estoy limpio de la sangre de todos” (Hechos 20:26). Había pagado su deuda con todos porque había instruido de tal manera a un grupo de personas que ellos, a su vez, podían instruir a otros a medida que las iglesias locales se iban multiplicando.19 Había iniciado un proceso por medio del cual todos en una zona podían llegar a ser evangelizados y discipulados.

Además, al estudiar los documentos del Nuevo Testamento, encontramos evidencias de que no sólo era esta la expectativa de Pablo, sino que en varias ocasiones las iglesias cumplían con esta expectativa. Por lo tanto Pablo podía escribir a la iglesia en Tesalónica: “Partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor; y no solo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido” (I Tesalonicenses 1:8). Y ciertos individuos de estas iglesias aparentemente se identificaron muy  estrechamente con esta expectativa. Epafras inició la iglesia en Colosas (Colosenses 1:7), y alguien, pero no Pablo, comenzó la obra en Laodicea (Colosenses 2:1).

 

Cuatro Paredes

A pesar de lo visto hasta ahora, puede que tengamos un inquietante sentido de que si Pablo realmente esperaba que las iglesias fundadas por él fundaran otras iglesias, veríamos más en sus escritos que dijera esto especificamente. Yo creo que la razón por la que no encontramos muchas afirmaciones directas sobre esto en sus escritos es que no hacía falta decirlo. Era una expectativa presupuesta. Es más, tal multiplicación ocurría naturalmente.

El sociólogo Derek Tidball observa que “la evidencia arqueológica, según manifiesta J. Murphy-O’Connor, confirma que la casa media solo podría haber acogido a cincuenta (un número inicial realista para los cristianos que concretamente podemos identificar con la iglesia de Corinto) con dificultad. Es más probable, por lo tanto, que se hubieran reunido con mayor frecuencia como subgrupos en números reducidos.”20 Tidball añade, “El hogar ya estaba preparado de antemano para servir como la “célula básica” de la iglesia y como la unidad principal para la misión al utilizar su red existente de relaciones fuera de su propia membresía para difundir el evangelio.”21 La historia de la iglesia ratifica esta valoración.

Sabemos que los convertidos en muchas ciudades rápidamente llegaron a ser miles; pero durante casi doscientos años no se construyó ningún templo. El crecimiento numérico bajo estas circunstancias sólo se puede explicar como la multiplicación de pequeñas congregaciones. No es sorprendente, por lo tanto, que el Nuevo Testamento con frecuencia haga referencia a “la iglesia en tu (o su) casa.22

El crecimiento de la iglesia primitiva, por lo tanto, fue impulsado de una manera importante por un fenómeno natural: cuatro paredes. Cuando una iglesia alcanzaba cierto tamaño se dividía naturalmente. De esa manera, quizás sin pensarlo mucho, surgió un modelo natural: crecer y dividir, crecer y dividir, crecer y dividir. La naturaleza innata de este patrón puede explicar, en parte, la casi angustiante ausencia de directivas específicas en las epístolas para la multiplicación de congregaciones. ¡Ocurría de forma natural! No hay necesidad de escribir acerca de lo que todos ya saben. Las epístolas fueron escritas para dejar claro lo que no lo estaba, no para decir lo que ya era patente.

Demasiadas veces, hoy en día, crecemos exclusivamente por medio de la expansión de nuestras cuatro paredes. Sin duda tenemos en la actualidad más posibilidad de crecer a un tamaño mayor que las iglesias primitivas (por lo menos en países con libertad de culto y una economía fuerte).

Desafortunadamente, al ser “elásticas” las paredes de nuestras iglesias, casi hemos perdido el principio de la multiplicación. Si crecemos, simplemente añadimos miembros a una iglesia cada vez más numerosa en un edificio cada vez más amplio. Comparativamente pocas veces nos reproducimos. Como consecuencia, hemos perdido la mitad de la fórmula matemática para desarrollar un movimiento de iglesias dinámico. Sólo sumamos, no multiplicamos.

 

¿Normativo para hoy?

Aún dicho lo anterior, no creo que sea necesario imitar servilmente el modelo de iglesias hogareñas. En muchas áreas del mundo nuestras dinámicas culturales son diferentes y permiten varias opciones. Incluso el argumento bíblico para la normatividad de iglesias caseras queda mermado porque las escrituras dan indicios de que era un fenómeno cultural que ni siquiera se usó exclusivamente en aquel entonces. La iglesia parece haberse reunido a menudo donde más le convenía. En Jerusalén se reunía en las cortes del templo y en las casas (Hechos 2:46). En Efeso se reunía en un salón alquilado (Hechos 19:9). Sin embargo, el modelo de iglesias hogareñas todavía es muy recomendable.23

Howard Snyder hace la siguiente observación:

El tamaño óptimo de una congregación local variará en función de factores culturales, y ningún límite arbitrario se puede imponer. Las investigaciones del iglecrecimiento parecen sugerir, sin embargo, que una vez que una congregación alcanza unos cientos de miembros el ritmo de crecimiento merma si no se forman nuevas congregaciones hijas a través del proceso de “crecimiento por división”. Donde se encuentran  notables excepciones a este patrón, un examen más esmerado generalmente revelará que la “congregación” local de unos miles es en realidad toda una serie de “subcongregaciones” más pequeñas en las que el “crecimiento por división” se convierte en el patrón normal.24

Por lo tanto, sea cual sea el tipo de iglesia que queremos fundar, deberíamos guardar siempre el principio de crecimiento por multiplicación. La pregunta más dificil quizás sea: ¿Qué nos servirá de cuatro paredes? ¿Qué nos obligará a reproducirnos? La respuesta en muchas situaciones (ya que no existe ninguna necesidad apremiante innata) será, ni más ni menos, la pura determinación de multiplicarse. Aún así, en muchas circunstancias, habrá tiempos naturales en los que la reproducción puede ocurrir. En vez de añadir otro culto al horario del Domingo por la mañana, una iglesia podría abrir otra iglesia. En vez de trasladarse a un nuevo terreno cuando el presente se hace pequeño, una iglesia podría iniciar otra iglesia.

Cuando las posibilidades lleguen a este grado de especificidad, una iglesia necesitará considerar las opciones bajo la guía del Espíritu Santo. Quizás cueste más dinero abrir un nuevo punto de testimonio que añadir un tercer culto. Quizás exista una firme convicción de que una iglesia grande con más y mejores programas tiene una ventaja especial a la hora de alcanzar ciertos grupos étnicos o demográficos. Quizás exista el temor de perder buenos líderes con la iglesia hija y así ralentizar el crecimiento de la iglesia madre. De cara a tales preocupaciones, investigaciones provenientes de varias fuentes nos traen perspectivas dignas de considerar.

 

Las iglesias “madre” crecen mejor que las “estériles”.

El primer estudio viene de Inglaterra. Se preparó para Challenge 2000 (Desafío 2000), un plan nacional de implantación de iglesias por saturación, y se llevó a cabo entre 350 iglesias. “La encuesta mostró que las 55 iglesias que habían dado a luz a una nueva iglesia habían crecido un promedio de 31,5% entre 1990 y 1994. ...Las iglesias que no fundaron nuevas iglesias crecieron un promedio de 19,6 % en el mismo periodo.”25 Esta diferencia estadística es importante y debería animar al tímido. Las iglesias que plantan otras iglesias tienden a crecer más rápido también.26

 

Las iglesias nuevas crecen mejor que las viejas.

Una investigación en Estados Unidos destaca lo nocivo que puede ser para el evangelio optar por mantener iglesias viejas a expensas de la implantación de nuevas iglesias. Según Bruce McNicol, entre las iglesias evangélicas estudiadas, aquellas con menos de 3 años ganaron 10 personas para Cristo por cada 100 miembros cada año. Las iglesias de 3 a 15 años ganaron 5 por cada 100 al año. Y cuando una iglesia llevaba más de 15 años, el promedio bajó a 3 por 100 cada año.27

Sin embargo, estos datos, en vez de conducir a las iglesias “mayores” a la desesperación, deberían ser un estímulo para superar este declive natural mediante el proceso de traspasar su vida a una iglesia hija. Si en vez de una iglesia de 20 años hubiera una iglesia madre de 20 años y una iglesia hija de 2 años, es posible que el potencial conjunto de las dos congregaciones alcanzara a 7,5 convertidos por 100 cada año. (3 por 100 + 10 por 100 / 2). Y siguiendo tal patrón, una iglesia de 75 años, por ejemplo, podría llegar a tener un impacto evangelístico muy por encima de su edad (sobre todo si consideramos que las iglesias hijas, a su vez, también se estarían multiplicando).

 

Las iglesias pequeñas crecen mejor que las grandes.

Y por último mencionamos una investigación realizado desde Alemania, en lo que resultó ser el estudio más grande que jamás se haya hecho sobre el crecimiento de la iglesia a nivel mundial. Más de mil iglesias participaron en 32 países. Se podrían mencionar muchos datos de este estudio28, pero nos limitaremos a uno que tiene especial importancia en este contexto: Por lo general, cuanto más grande sea una iglesia, peor crece. En un tiempo en que la megaiglesia parece ser el modelo y anhelo de toda iglesia con visión, este dato viene como una sana palabra de cautela. Para ser específico, las iglesias “enanas” (menos de 100 miembros) tenían un potencial de crecimiento 16 veces mayor, por miembro, que las megaiglesias (más de 2000 miembros). Esta misma tendencia se vio a todos los niveles (iglesias de 100 tenían mayor potencial de crecimiento por miembro que iglesias de 200; 200 más que 300, y así sucesivamente).29 Tan sorprendentes fueron los resultados para el mismo autor, Christian A. Schwarz, que él escribe lo siguiente en su segundo libro sobre el tema: “Las iglesias de mil miembros o más, son las excepciones. Por el contrario, la regla debería ser iglesias de cien a doscientos miembros que ayudan a nacer a nuevas iglesias continuamente. Se puede demostrar que esto es con mucho la contribución más efectiva que una iglesia puede hacer a la evangelización mundial.”30

Estudios como estos convalidan a nivel empírico la lógica de lo que vemos en las páginas del Nuevo Testamento. Una eclesiología de multiplicación es imprescindible para cumplir la Gran Comisión con fidelidad. Y claro que se podrían destacar otras características de la iglesia primitiva que tienen mucha importancia, pero seguramente este fenómeno de multiplicación explica gran parte del impacto que tuvo en los primeros siglos.

A estas alturas nos queda un asunto más por ver. Es posible que una iglesia entienda la importancia de fundar iglesias locales, pero no se considere la entidad mejor preparada para encarar tal proyecto.

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15 Roland Allen, Missionary Methods: St. Paul’s or Ours? (Grand Rapids: Eerdmans, 1962), 12-13.
16 Roger Hedlund, Mission, 218.
17 Ibid., 214.
18 Thomas Schirrmacher, “Romans as a Charter for World Mission.” International Journal of Frontier
Missions, 10:4 (October, 1993, 161).
19 Esta interpretación de Hechos 20:26-27 me llegó por primera vez de parte de Roy Clements en una
exposición dada en Denver Seminary. Las palabras exactas del Dr. Clements fueron, “La razón por la
que Pablo podía decir que estaba limpio de la sangre de todos era porque había fundado una iglesia.”
20 Tidball, “Setting,” 885.
21 Ibid., 888.
22 Snyder, “Agent,” 347.
23 Ver Bob Fitts, Sr., Saturation Church Planting: Multiplying Congregations Through House
Churches (Laguna Beach: Outreach Fellowship, International), 1994. Este escrito breve ofrece un
poderoso argumento bíblico para la eficacia del método de iglesias hogareñas. Ofrece gran cantidad de
textos bíblicos que indican que la iglesia primitiva usó este patrón extensamente.
24 Snyder, “Agent,” 332.
25 “Still ‘Best Method Under Heaven,” DAWN Report (August, 1995), 6.
26 Claro está que como mera cifra estadística, no establece causalidad. O sea, bien puede ser que las
iglesias con un mayor índice de crecimiento sean más dadas a reproducirse, o bien que las iglesias con
ánimo de reproducirse sean más dadas a crecer, ¡o las dos cosas! Sin embargo, la correlación entre
crecimiento y multiplicación es fascinante.
27 “Churches Die with Dignity,” Christianity Today, January 14, 1991, p. 69. Citado en Planting
Growing Churches for the 21st Century, Aubrey Malphurs p. 44.
28 Como por ejemplo el hecho de que, por lo general, las iglesias pequeñas tienen un grado más alto de salud y un mayor uso de dones espirituales por parte de los miembros que las iglesias grandes. (Christian A. Schwarz, Desarrollo Natural de la Iglesia, 46-48).
29 Christian A. Schwarz, Desarrollo Natural de la Iglesia, 46-48. Es de mencionar que el resultado más notable del estudio fue la marcada relación positiva entre la salud de la iglesia y su crecimiento. Pero aun en este aspecto, (como se menciona en la nota anterior) las iglesias pequeñas resultaron salir mejor paradas al tener un promedio de salud más alto que las iglesias grandes. Obviamente, esto también influyó en su mayor índice de crecimiento.
30 Christian A. Schwarz, Desarrollo Natural de la Iglesia en la Práctica, 40.