¿Cómo librarse de las deudas?

Larry Burkett

Por Larry Burkett

Seguidamente les enseñamos algunos secretos que nos permitirán liberarnos de ellas:

A. Confeccione un “Plan para controlar sus gastos” (un presupuesto familiar básico)

Hacer un “Plan para controlar sus gastos” por escrito, es absolutamente necesario para cualquier individuo o familia que vive bajo la esclavitud financiera. Realice una lista de todos los gastos en orden de importancia.

Ubicarlos en ese orden es trascendental porque últimamente hemos perdido el punto de referencia entre lo que es una necesidad, un gusto y un deseo. Examinemos sus diferencias:

Necesidades. Son los gastos que hacemos para proveer las necesidades básicas como el alimento, la ropa, el trabajo, un lugar donde vivir y la salud, entre otras. “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:8).

Gustos. Son aquellas cosas que satisfacen una necesidad básica en nuestras vidas, pero que son de una mejor calidad. Por ejemplo,usted necesita vestirse, de forma sencilla y habitual, pero algunas veces puede elegir comprar ropa de mejor calidad o de una marca reconocida. También puede elegir un filete en vez de carne molida, tomar un taxi en vez de caminar al trabajo, entre otras alternativas.

El apóstol Pedro en su primera carta nos da un punto de referencia importante con respecto a los gustos en la vida del cristiano: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:3-4).

Deseos. Son las cosas que nos gustaría tener pero no son necesidades básicas para nuestra subsistencia. De acuerdo con el plan de Dios, sólo pueden ser adquiridos con fondos excedentes después que todas las otras obligaciones se hayan cumplido. No está mal comprarlas, si tenemos el suficiente excedente de dinero, lo ideal es saber controlarlo. En la primera carta de San Juan, capítulo 2, leemos: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2: 15 -16).

 

B. Identifique cuáles son las cosas esenciales para la vida y cuáles no.

Una persona que está endeudada debe dejar de hacer gastos que no son absolutamente esenciales para vivir. Observe qué tareas de mantenimiento del hogar pueden realizarse sin pagar a otros; comience a adquirir habilidad e ingenio para desarrollar esas tareas. Mediante este plan puede empezar a disminuir algunos de los gastos que en realidad no son esenciales. Estudie, en este caso, el capítulo 21 del libro de Los Proverbios, verso 17, en el Antiguo Testamento.

Debe empezar a desarrollar una actitud de conservación.

Comience a eliminar todos los gastos que no sean de importancia real.

Cabe resaltar que muchos de los gastos que consideramos esenciales lo son porque la sociedad, en su concepto de consumismo, nos ha hecho creer que son así. Por ejemplo, un claro indicador de esto es la necesidad de adquirir una computadora para entrar en el sistema multimedia y mantener la armonía con el avance tecnológico de la sociedad. Pero, en realidad, ¿necesitamos la computadora?

 

 

C. Piense antes de gastar

Cada uno de nosotros debe pensar antes de hacer cada compra. Cada gasto debe de ser evaluado de la siguiente manera:

  • ¿Este gasto es una necesidad, un gusto o un deseo?
  • ¿Refleja este gasto mi ética cristiana? (Por ejemplo, la suscripción a una revista pornográfica no la reflejaría). ¿Puedo seguir comprando revistas, enciclopedias, libros o discos aún cuando debo dinero a otros?
  • ¿Es lo mejor que puedo obtener por este precio, o estoy gastando sólo porque se me hace fácil y me dan la facilidad de pagar con mi tarjeta de crédito?
  • ¿Es un artículo que se devalúa rápidamente? ¿Estoy comprando algo que se deprecia rápidamente? (las piscinas, las casas rodantes, las lanchas, las computadoras y los automóviles, por ejemplo, pertenecen a esta categoría).
  • ¿Es costoso el mantenimiento? (Debemos recordar que no sólo necesitamos dinero para comprar cosas como un automóvil, ropa o mandar a hacer una piscina, ¡también tenemos que tener dinero para mantenerlas!).

 

 

D. Deje de comprar a crédito

Una persona que está endeudada debe empezar a comprar sólo al contado, debe de evitar toda compra a crédito, uno de los motivos es por los interés altos que está pagando.

A menudo, una persona con deudas y que posee alguna cosa de valor que podría convertirla en efectivo se pregunta: “¿Sería mejor vender esto para pagar mis deudas?” Ese es un error normal y debemos de tener mucho cuidado al ponerla en práctica ya que si nos limitamos sólo al hecho de vender el bien, estamos tratando los síntomas en lugar de tratar el problema.

Recuerdo a una pareja que estaba muy apretada económicamente a causa de las deudas por las tarjetas de crédito. Debían más de 20.000 dólares, y pagaban más de 4.000 dólares anuales sólo en intereses. Ante esta situación optamos por preparar un plan alternativo. Me pareció razonable que vendieran su casa y utilizaran el dinero para cubrir todas sus deudas porque esa cantidad de dinero era suficiente para hacerlo. Así lo hicieron, pero en menos de un año estaban endeudados otra vez, con 6 mil dólares de cuenta en sus tarjetas de crédito y esta vez no tenían un lugar para vivir.

¿Qué sucedió? Se había tratado un síntoma en vez del problema. El problema era su actitud hacia las tarjetas de crédito. Me habían asegurado que no las utilizarían, pero como no hubo un plan alternativo para dejar de usarlas, cayeron de nuevo en la misma trampa. En cuanto algo les hacía falta y no tenían efectivo para comprarlo, sacaban las tarjetas, y continuaban con el círculo de deudas.

El principio a observar es el siguiente: Si usted está endeudado por el mal uso de las tarjetas de crédito, deje de usarlas. Y déjelas en forma total. Aquellos que tienen problemas en controlar el uso de sus tarjetas de crédito deberían comprometerse a pagar cada mes el total de las compras que han hecho con la tarjeta. Para el primer mes en el que no pueda cumplir con la promesa, aquí va una receta popular:

  • Caliente el horno a unos 170°C (350°F)
  • Unte con aceite una de sus bandejas.
  • Coloque sus tarjetas en la bandeja y la bandeja en el horno.
  • Hornee hasta que se derritan.

Luego, devuelva las tarjetas a las compañías que se las otorgaron, solicitándoles que no se las envíen más. Incluya en su carta un plan para pagar la deuda de esa tarjeta de crédito, y después comprométase a comprar sólo con dinero en efectivo.

Una vez que haya desarrollado buenos hábitos económicos, haya roto ataduras financieras producidas por el mal uso de los préstamos y las tarjetas de crédito y haya cambiado su comportamiento con respecto al dinero, entonces evalúe la posibilidad de vender algunas cosas de valor para poder liquidar sus deudas. De esa manera, no se estarán tratando sólo los síntomas sino el problema principal.

 

E. Evite el “palanqueo” y la “lotería” financiera

Cuando uno está endeudado, debe evitar el llamado “palanqueo” financiero, que consiste en la forma de inversión que permite comprar un activo o bien grande y caro, con una pequeña inversión de capital.

Recuerdo una pareja latinoamericana que vivía en Chicago. El hombre quería comenzar su propio taller de enderezado y pintura de autos. Luego de algún tiempo de búsqueda, los dos se entusiasmaron con un taller inmenso que costaba más de un millón y medio de dólares. Como no tenían esa cantidad tan grande de dinero, el marido le pidió a su suegra, que era viuda, si podía hipotecar su casa (por unos $ 100.000) y prestarles el dinero para comprar el taller. La suegra, actuando de forma prudente y sabia, afirmó que no hipotecaría todos los ahorros de su vida para invertirlos en ese negocio y la joven pareja me llamó para preguntarme qué hacer.

A pesar de poner en juego las relaciones familiares, aquella viuda pudo darse cuenta de lo que muchos jóvenes inexpertos no ven en estos días, que sumando el impulso y la inexperiencia dan como resultado una
catástrofe financiera.

La viuda pudo advertir la siguiente situación: El porcentaje de inversión inicial requerida para comprar el negocio ($100.000) era demasiado pequeño con respecto al monto total de la deuda en la que su hija y su yerno se iban a involucrar (menos del 10%). Esto es lo que se llama “palanqueo”. Es el movimiento de un gran capital con una pequeña inversión. El problema de “palanquear” es que si algo, aunque sea mínimo, no sale como se planeó, el tamaño y peso de la deuda puede caer sobre el individuo y pulverizar su vida financiera.

Lo que este joven debería haber hecho es iniciar el taller en su casa, quizá en su garaje, para luego, y en la medida que sus negocios obtuvieran un crecimiento, trasladarse a un lugar más cómodo, amplio y sofisticado.

Este contexto nos obliga a olvidarnos, de una vez por todas, de tratar de hacernos ricos “por la vía rápida”. No solamente ponemos en juego nuestros negocios, sino que estamos poniendo en peligro nuestra vida familiar.

 

F. Aprenda a ahorrar

Finalmente, para afianzar su vida financiera familiar en el proceso de pagar sus deudas, uno debería aprender a ahorrar dinero de manera regular, incluso aquellas personas que están endeudadas.

Aprenda a desarrollar la disciplina del ahorro. Una de las mejores costumbres que una familia puede desarrollar es la de ahorrar una pequeña cantidad de dinero en forma regular.

Todas las personas que viven por encima del nivel de extrema pobreza tienen la posibilidad de ahorrar dinero. Muchos no lo hacen porque creen que la cantidad que podrían ahorrar es tan insignificante que no vale la pena; decisión no acertada y que no contribuye en nada al desarrollo familiar.

Sin embargo, para poder salir de sus deudas, usted debe prevenir las “situaciones inesperadas” que le llevarán a gastar más allá de su presupuesto obligándolo a pedir prestado. Estas situaciones no serían tan “inesperadas” o no nos golpearían tan fuerte el plan de gastos familiar si tuviéramos algunos ahorritos que actuaran de “colchón”.

El sabio Salomón una vez dijo en su libro de Proverbios: “Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa” (Proverbios 21:20). Una gran verdad 3.000 años atrás y una gran verdad el día de hoy.

 

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