Iglesia, ética y economía mundial

Por Joel Hernández Palma

La economía mundial contemporánea en su proceso de globalización está viviendo una grave crisis que si no afronta en toda su profundidad; llevará al traste toda la dinámica productiva del mundo y el futuro de la humanidad. Se trata de una crisis ética en la cual se han puesto al mando de las dinámicas de producción y consumo de la tierra valores morales inhumanos, lo cual está generando terribles consecuencias para el presente y el porvenir de la especie humana. De aquí que el gran reto hoy por hoy es encontrar los valores éticos dignos de la persona, los cuales guíen una transformación honda del circuito económico universal. (Michel Camdessus ex director FMI).

Es innegable que hablar de valores éticos dignos de la persona nos obliga ineludiblemente a recurrir al manual universal de ética humana por excelencia: la Biblia. Fuera de cualquier enfoque religioso radical o prejuicio la enseñanza de Jesucristo contenida en las sagradas escrituras es el modelo que por siglos ha proveído a la humanidad de equilibrio moral y ético y ha limado grandes asperezas. Su contenido de amor, pero sobre todo su llamado a la justicia y la atención de los menos favorecidos deben ponerse de forma urgente sobre la mesa de atención.

Vivimos en un mundo marcado por la inequidad. Algo está mal cuando el 20% más rico de la población del globo recibe más del 80% del ingreso económico mundial. Algo falla cuando el 10% de la población recibe la mitad del ingreso económico nacional -como sucede hoy en muchos países-. En la humanidad mil doscientos millones de personas viven con menos de un dólar diario, y otros dos mil ochocientos millones de seres humanos subsisten con menos de dos dólares por día. Estas estadísticas implican que el 66% de la humanidad vive en estado de pobreza ya que en la tierra vivimos hoy más de seis mil millones de personas.

“Peca el que menosprecia a su prójimo; mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” Proverbios 14:21

Investigaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD), vienen constatando que las tasas de pobreza se hallan en constante aumento en toda la tierra y que definitivamente urgen profundos cambios en los sistemas económicos nacionales e internacionales. Directamente relacionado a estos fenómenos está un creciente sentido de insatisfacción. El ser humano sufre constantemente bajo las agobiantes presiones y necesidades que lo obligan a grandes sacrificios laborales; cuya remuneración muchas veces únicamente llega a cubrir un deficiente nivel de subsistencia.
¿Y la ética y la moral? Es aquí donde urge el papel de la iglesia de Cristo en gritar a los cuatro vientos a todos los actores de los sistemas de producción, gobiernos e instituciones las palabras de la Biblia “El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor, mas el que tiene misericordia del pobre lo honra” Prov. 14:31 con el objetivo de sensibilizar a la sociedad acerca de la urgente necesidad de ver a nuestro alrededor el colapso progresivo hacia el cual avanza la economía global y saber que: Todos podemos hacer algo al respecto; unos ayudando a sanar heridas y otros; haciendo lo necesario para detener las causas de este deterioro humano y social colectivo. Es urgente que extendamos los brazos como lo hizo Jesús para atender a aquellos que sufren.

La iglesia de Cristo ha tomado un creciente papel en atender los efectos de estas injusticias. Miles de orfanatos son atendidos a nivel mundial. Millones de raciones de alimentos son distribuidas cada día gracias a los aportes de cristianos que no porque les sobra, sino por cumplimiento de la palabra de Dios comparten con los más necesitados. Centenares de brigadas atienden las necesidades de salud más urgentes, y miles de misioneros asisten y consuelan las almas de los que sufren… ¿pero es esto suficiente? Como mencionamos anteriormente, esto es solo tratar de cubrir los efectos de tales injusticias; sin embargo ha llegado el tiempo en que la iglesia levante su voz de protesta contra la corrupción, contra la indiferencia individual y oficial y defienda a los mas desposeídos empuñando las palabras de la Biblia “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” Lucas 6.31

Si los pobres son abandonados en su desesperanza, la pobreza socavará el tejido de nuestras sociedades a través de los enfrentamientos, la violencia y los desórdenes civiles. Si estamos comprometidos con la promoción de la dignidad humana, no nos podemos permitir ignorar la realidad de la pobreza y los riesgos que tal indiferencia supone para la paz.

Solidaridad significa que todos nosotros tenemos que trabajar juntos para aliviar los sufrimientos humanos. Pero también la solidaridad es obviamente un valor ético central para la sensibilización del mundo en torno a la lucha por la paz y el desarrollo, las cuales son una imprescindible precondición para un duradero progreso económico. Hemos oído que el desarrollo es el otro nombre de la paz. ¿Porqué hemos olvidado que la paz es el otro nombre del desarrollo?".

Fuente: Ministerio Tsebaoth

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