La segunda Reforma: el Pietismo

Estudios BioIglesia

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La reforma pietista –“el movimiento renovador religioso más significativo en el protestantismo desde la Reforma”18– toma su identidad del programa de la Reforma, que conscientemente intenta “retomar y continuar.”19 En contraste con la primera reforma, sin embargo, no es tan fácil identificarla con una persona en particular o considerarla como el desarrollo de un precepto básico uniforme. No fundó ninguna iglesia y no formuló ninguna confesión de fe.20 El comentario hecho por Kurt Aland: “El pietismo nunca existió”21 por lo tanto no puede ser negado.

No obstante, si yo hablo de “Pietismo” en los siguientes comentarios, me estoy refiriendo a un movimiento múltiple que va desde el pietismo clásico del período barroco de finales del siglo XVII, pasando por los movimientos de avivamiento de principios del siglo XIX y del movimiento de comunión del siglo XX hasta el movimiento evangélico de nuestro tiempo.22 Incluso algunas partes de lo que es denominado hoy en día “movimiento carismático” se puede clasificar, en lo que se refiere a la intención central, dentro del alcance general de la renovación pietista.23

El Pietismo comenzó con una preocupación compartida con la Ilustración24: un enfoque crítico al formalismo de la ortodoxia protestante.25 En contraste con la intención original de Lutero, la teología se había convertido de nuevo en una colección de afirmaciones doctrinales absolutas, una ortodoxia, un sistema escolástico, “que de ninguna manera era menos estricto que los escolásticos de la Edad Media.”26 En casi todas las áreas de la teología, la ortodoxia había “reemplazado el dinamismo de la Reforma con un sistema estático.”27 La teología luterana quedó ligada una vez más a los patrones de pensamiento ahistóricos de la metafísica aristotélica, que el mismo Lutero había considerado básicamente erróneos y que él pretendía abolir de la teología de una vez y para siempre.28

Muchos años de estudio de los escritos de Lutero, especialmente del joven Lutero, convencieron a Philipp Jakob Spener de “la diferencia entre las intenciones originales de la Reforma y lo que habían hecho de ellas los escolásticos ortodoxos y la jerárquica iglesia estatal.”29 En su pensamiento, Lutero había unido firmemente la seguridad personal de la salvación “con un fundamento objetivo de esta salvación fuera del sujeto de la fe,”30 pero de estos polos, que para Lutero estaban inextricablemente unidos, la ortodoxia luterana había “enfatizado tanto el fundamento objetivo de la salvación que casi había quedado aislado.”31 Este es el punto en el que el Pietismo ve su deber: estaba preocupado por la apropiación de la salvación personal.

 

El énfasis: la reforma de la espiritualidad

El Pietismo enfatizaba la praxis pietatis, la devoción del corazón, una nueva relación con la Biblia, regeneración, seguridad de salvación, evangelismo y santificación. Estos términos por sí mismos muestran dónde está el énfasis del Pietismo: era una reforma de la vida espiritual. Spener apeló al Prólogo a la misa alemana de Lutero cuando fundó su collegia pietatis en Frankfurt, “reuniones de edificación” que él consideraba ecclesiola in ecclesia. Mientras que Lutero se quejaba de que no tenía la gente para poner en práctica el programa descrito en el Prólogo, Spener dio un paso más y se rodeó de la gente con la que él quería “tomarse en serio el asunto de ser cristianos.”

En términos de teología, el Pietismo no trajo nada nuevo, y lo hizo de forma deliberada. Siguió a Lutero y a los otros reformadores. No se preocupaba por hacer una nueva teología, sino por poner en práctica lo que los reformadores habían formulado teológicamente. En su programa, el Pia Desideria de 1675, Spener deliberadamente reclama a Lutero como testigo de la teología bíblica. Así como Lutero había luchado contra la teología escolástica de la Edad Media, Spener luchó contra la teología escolástica luterana que “había entrado de nuevo por la puerta de atrás en la iglesia protestante.”32

¿Cómo le fue al Pietismo en la reforma de las estructuras? En este punto, aparte de algunas destacadas excepciones, encontramos de nuevo una falta de interés preocupante, lo cual significa que el verdadero interés del Pietismo —la fe viva— no encontró un recipiente adecuado. Sin duda, el Pietismo era un movimiento de fe, y de alguna manera un movimiento de comunión, pero desde luego no era un movimiento de iglecrecimiento.33

Esta reticencia evidente a la reforma radical de las estructuras tiene gran número de razones. Por una parte, había indudables influencias místicas y espiritualistas en algunos defensores del Pietismo que hacía que no le dieran a la cuestión estructural la importancia que merecía desde un punto de vista teológico y espiritual. En el contexto del Pietismo, normalmente no hablamos de los espiritualistas, más bien hablamos de los “humildes de la tierra.” Pero su estilo devocional individualista y quietista, que deliberadamente se separa del mundo, muestra muchas características del paradigma espiritualista.

Un segundo motivo para la devaluación de la cuestión estructural puede haber sido el temor a lo que el tiempo ha denominado “separatismo.” Una insistencia en las estructuras funcionales ¿no habría llevado a la formación de una nueva iglesia? Porque los defensores del Pietismo no querían que esto sucediese bajo ninguna circunstancia, preferían aceptar los obstáculos estructurales que ser sospechosos de separatismo y por lo tanto de convertirse en una “secta.”

En tercer lugar, estos grupos pietistas que se fueron de la iglesia estatal demasiado a menudo continuaron con una actitud de protesta hacia las estructuras que ellos mismos habían creado, así que un entendimiento sin prejuicios y funcional de las estructuras fue casi imposible. Muchos de ellos estaban demasiado dominados por la ideología. Es más, la influencia mística y espiritualista era particularmente fuerte precisamente en estos grupos.

En resumen: por mucho que el Pietismo intentara volver a la teología de los reformadores y luchar contra la ortodoxia protestante, por muy revolucionarios que fueran sus logros con respecto a la práctica de la espiritualidad, permaneció atado al paradigma espiritualista o al institucionalista en lo que se refiere a la cuestión estructural. Los defensores del Pietismo no vieron lo suficientemente claro que esto tendría efectos negativos en su espiritualidad, y a la larga en su teología (que tenía que justificar esta práctica errónea).

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18 Wallmann, Philipp Jakob Spener und die Anfänge des Pietismus, p.VII.

19 Kantzenbach, Orthodoxie und Pietismus, p.132.

20 Cf. Egelkraut, Pietismus und Reformation, en: K. Heimbucher (Ed.), Luther und der Pietismus, p. 214.

21 Aland, Kirchengeschichtliche Entwürfe, p.545.

22 Cf. Busch, Karl Barth und die Pietisten. Die Pietismuskritik des jungen Karl Barth und ihre Erwiderung, p.12. Johannes Wallmann coloca el pietismo alemán “en el contexto de un movimiento devocional en toda Europa que en el siglo XVII incluía el puritanismo anglosajón, el precisismo en Holanda, el jansenismo y el quietismo en Francia y finalmente también el hasidismo judío en la Europa del Este” (Wallmann: Kirchengeschichte Deutschlands II. Von der Reformation bis zur Gegenwart, p. 136.)

23 Esta conexión es señalada por la obra del teólogo luterano C. Lindberg, “¿La tercera Reforma? Los movimientos carismáticos y la tradición luterana” (Lindberg, The Third Reformation? Chrismatic Movements and the Lutheran Tradition). Este libro discute la cuestión de si el movimiento carismático se puede considerar una “tercera reforma” después de Lutero y del pietismo. La respuesta de Lindberg es un poco ambigua, pero tiende hacia la negación; de ahí el signo de interrogación del título.

24 Aparte de la relación del contenido entre la Ilustración y el Pietismo, esta unión se simbolizó también en las relaciones personales. Leibniz, el “padre de la Ilustración”, y Spener, el “padre del Pietismo”, eran amigos íntimos en los años en que Spener vivió en Frankfurt (Cf. Wallmann, Ibid., p.160). “Ellos comparten su rechazo a la argumentación de la ortodoxia y de los escolásticos aristotélicos, conjuntamente buscan nuevos fundamentos fuertes para la reconstrucción espiritual de Alemania...”(Ibid.). La diferencia entre el Pietismo y la Ilustración se puede apreciar también en estos dos caracteres: “Spener se aleja de la sabiduría del mundo para superar la impiedad (impietas) con la piedad (pietas)... es el rasgo racionalista, con su confianza en la razón, lo que separa a Leibniz del Pietismo y le acerca a la Ilustración del Oeste de Europa” (Wallmann: Ibid. p.161).

25 Cf. Weber, Grundlagen der Dogmatik I, Neukirchen-Vluyn, tercera edición, p.146. Debemos señalar, sin embargo, que el Pietismo no sólo encuentra oposición dentro de la ortodoxia, también tuvo una repercusión positiva.

26 Lohse: Ibid., p.218.

27 Ibid.

28 Cf. p.50.

29 Wallmann: Ibid., p.137.

30 Schmidt, Brundriß der Kirchengeschichte, septima edición, p.415.

31 Ibid.

32 Kantzenbach, Ibid., p.142.

33 Sin duda, la Asamblea de Hermanos de la iglesia de Herrnhut del Conde Zinzendorf supuso una excepción en esto, la “única iglesia duradera fundada especialmente para llevar a cabo el Pietismo” (Wallmann, Ibid., p.151). Característicamente, este fue un movimiento que procedió a implantar iglesias hijas modeladas según el diseño de Herrnhut en Alemania y el extranjero.