La tercera reforma: nuestra tarea hoy

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Por esta razón, hoy, se necesita una tercera reforma. No creo que necesitemos desarrollar nuevas formas teológicas; lo que los reformadores descubrieron en términos de teología bíblica está, en gran parte, expresado ya en la forma clásica. Tampoco creo que tengamos que buscar una nueva forma de espiritualidad; lo que el Pietismo y los movimientos devocionales relacionados con él habían exigido y comenzado a vivir me parece que es exactamente lo que necesitamos hoy en día.

Nuestro problema, sin embargo, es que las maravillosas perspectivas de la Reforma y del Pietismo están cubiertas por estructuras inservibles.34 En la nueva reforma necesitamos crear estructuras que sean recipientes adecuados para que lo que las dos primeras reformas exigían se pueda poner en práctica.

Por lo tanto, me parece completamente legítimo que el movimiento de iglecrecimiento de nuestros tiempos, al menos en los primeros años, dedicara tanta atención a la cuestión de las estructuras. El movimiento, que fue fundado por Donald McGavran y más tarde se influenció mucho de C. Peter Wagner, nos ha enseñado a examinar todas las instituciones, doctrinas y programas (¡incluyendo los programas del iglecrecimiento!) implacable y críticamente para averiguar qué contribución hacían al crecimiento de la iglesia.

Ya he señalado que los oponentes al movimiento de iglecrecimiento (y de otros movimientos reformadores relacionados con él) están principalmente entre aquellos que podríamos denominar “ortodoxos.” Aquí es donde la historia se repite. Aunque la primera reforma pretendía luchar contra la ortodoxia católica romana, después de algún tiempo ella misma se convirtió en ortodoxia. Después el Pietismo luchó contra la ortodoxia luterana y reformada, y pronto se convirtió también en ortodoxia. Los movimientos de reforma en nuestros días deben, por lo tanto, esperar resistencia por parte de la ortodoxia evangélica. ¡Sería sorprendente que esto no sucediera!

Así que, todo el que quiera poner en práctica los principios para el desarrollo de la iglesia, tiene que librar una batalla que tiene dos frentes simultáneos. Por una parte, algunas personas (defensoras del paradigma espiritualista) les acusan de mentalidad manipuladora y tecnocrática y de falta de confianza en el Espíritu Santo; otras (defensoras del paradigma institucionalista) les acusan de tener tendencias espiritualistas, separatistas y entusiastas. En este punto, de nuevo experimentamos la repetición de los mismos enfrentamientos que han dominado toda la historia de la iglesia.

El iglecrecimiento no intenta, como dice Kent Hunter, “reformar la teología de la Reforma”, sino que “se basa en ella.”35 El hecho de que estos fundamentos también se puedan aplicar a aquellos defensores del
iglecrecimiento que, como hemos visto, se niegan a ser identificados con una escuela teológica en particular, se demuestra en que no han hecho casi ningún contacto con los miembros católicos romanos normales; lo cual es sorprendente teniendo en cuenta su enfoque interdenominacional y su énfasis en el “pragmatismo”. Si el iglecrecimiento fuera sólo un método orientado al crecimiento, esto sería sorprendente. Pero es más que eso: el punto central es, al menos a mi entender, la aplicación consistente del principio de la reforma.

La segunda reforma es asumida implícitamente por destacados defensores del movimiento de iglecrecimiento, por ejemplo C. Peter Wagner cuando se niega apasionada (y a mi modo de ver acertadamente ) a asignar al iglecrecimiento ninguna etiqueta denominacional, pero después afirma que la etiqueta “evangélico” no sería inadecuada.36 Pero ¿qué significa “evangélico” si no grupos que están en la tradición de las dos reformas previas?

 

El énfasis: la reforma de las estructuras

Poner un cierto énfasis en la cuestión estructural no significa que se considere más importante esta cuestión que la de la teología o la de la espiritualidad. ¡Nada más lejos de la verdad! La razón es más bien que, en el pasado, esta área no se ha tratado de forma suficientemente consistente.

Una excepción a esta tesis —aunque sólo aparente— es la labor del Concilio Ecuménico, que ha estado trabajando en el tema de la “evangelización como principio estructural” desde 1961.37 Mucho de lo producido por este grupo parece estar de acuerdo con lo que demanda este libro: la perspectiva de que las estructuras tradicionales entorpecen la efectiva proclamación de las iglesias, la lucha contra el “fundamentalismo morfológico”, la discusión sobre las “estructuras heréticas” y mucho más. ¿Por qué no han tenido un verdadero efecto estos conceptos? Las afirmaciones sobre las estructuras en sí mismas son excelentes, pero los fundamentos teológicos en los que se asientan estas demandas causan preocupación.

La premisa teológica decisiva del estudio ecuménico de que a través de la muerte y resurrección de Jesucristo “cada persona se ha convertido en miembro de la nueva humanidad,”38 lo sepan ellos o no, es el error fatal de todo este enfoque. Este concepto, que conduce al universalismo, es exactamente el punto en el que los logros centrales de las dos primeras reformas —por ejemplo la sola fide luterana o la praxis pietatis del Pietismo— se niegan.

Christian Möller comenta acertadamente: “La falta total de límite entre la iglesia y el mundo que caracteriza el estudio ecuménico como resultado de la forma en que se mezcla a Cristo como Señor del mundo y como cabeza de la iglesia, fracasa al juzgar el poder divisorio del evangelio.”39 En última instancia conduce a “un engaño específico de la iglesia al mundo,” que, según Manfred Seitz consiste en “no querer ser más la iglesia.”40 Michael Herbst hace un comentario similar: “El énfasis verbal en la evangelización conlleva un desnudamiento del contenido de la evangelización de su causa más urgente.”41

Allí donde el fundamento teológico y espiritual desaparece, el estándar que debería guiar la reforma estructural también cambia. El objetivo del desarrollo de la iglesia, que los reformadores estructurales ecuménicos consideran demasiado “eclesiocéntrico”, no juega ningún papel en este concepto. El resultado de este debate ha sido que la discusión sobre las estructuras efectivas y funcionales se ha obstaculizado. Los grupos que enfatizan particularmente la dimensión de la fe personal y su apropiación tienden a
identificar la búsqueda de las estructuras funcionales con el debate de la reforma estructural del Concilio Ecuménico. En tales círculos, todo el tema se ha convertido en una “bandera roja”; quizá un resultado comprensible, pero desastroso.

 

Estructuras y vida

Me parece que hay varias razones, basadas teológica y espiritualmente en las dos reformas precedentes, que deberían conducirnos a tomar más en serio la cuestión estructural.

Primero, las estructuras nunca son neutrales. Cualquier otro punto de vista revela rasgos de una cosmovisión dualista. Las estructuras pueden ser útiles para el desarrollo de la iglesia; pero también pueden ser un obstáculo. Y tienen efectos claros en la espiritualidad y la teología de una iglesia.42

Segundo, nuestras encuestas43 a más de mil iglesias de todo el mundo han demostrado que la característica cualitativa “estructuras funcionales” es uno de los ocho signos esenciales de una iglesia en crecimiento. En otras palabras, si este punto está ausente (o está débilmente desarrollado), es muy probable que la iglesia no crezca, no importa lo desarrolladas que estén las otras siete características.

Tercero, las mismas encuestas mostraron que no hay ninguna área en la que la diferencia entre las iglesias en crecimiento y las iglesias en decrecimiento sea tan grande como en la de las “estructuras.”44 Esta es, por lo tanto, el área en la que las iglesias en crecimiento y en decrecimiento se diferencian más.

Cuarto, en las iglesias que hemos estudiado hasta ahora, se ha apreciado que, de las ocho características cualitativas, la de las “estructuras funcionales” es uno de los “factores mínimos”45 más frecuentes. En otras palabras, el área que es el mayor obstáculo para el crecimiento y en la cual la acción tangible es más probable que dé “fruto.”

Quinto, está en la naturaleza del paradigma espiritualista e institucionalista no tomar en serio la cuestión de las estructuras funcionales. Cualquiera que haya reconocido los peligros de estos dos paradigmas y desee
superarlos no puede descuidar el área de las estructuras. Este descuido podría convertirse fácilmente en la puerta de atrás por la cual –por mucho que rechacemos el espiritualismo y el institucionalismo teológicamente– los paradigmas erróneos pueden colarse de nuevo en la vida de nuestras iglesias.

Sexto, las investigaciones biológicas han demostrado que lo que diferencia “la materia muerta” de los “organismos vivos” no es –como una persona corriente podría asumir– una diferencia en la sustancia, sino en la estructura específica por la que las partes individuales están conectadas entre sí.46 Esta en sí misma es razón suficiente para abandonar el cliché de que las estructuras y la vida son opuestas. Los dos conceptos están relacionados estrechamente entre sí, como han confirmado las encuestas a numerosas iglesias.

Séptimo, la analogía bíblica del cuerpo de Cristo47 apunta en una dirección similar. Esta ilustración deja claro que cada cristiano tiene una función específica en el cuerpo, la cual viene determinada por sus propios dones espirituales. ¿Cuál es la estructura de la iglesia en esta ilustración? Puede ser comparada con el sistema nervioso central del cuerpo que asegura que la coordinación entre los diferentes miembros y órganos funcione. Esta es una función vital para la salud y el crecimiento del organismo.

El logro de la primera reforma fue el redescubrimiento de la fe personal y el sacerdocio de todos los creyentes. El logro de la segunda reforma fue empezar a ejercitar estos conceptos centrales. La tarea de la tercera reforma será estructurar la iglesia de tal manera que las preocupaciones por las que lucharon las dos primeras reformas se conviertan en algo normal en la vida diaria de la iglesia.

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34 Un ejemplo de este sorprendentemente descuidado punto de vista de la cuestión estructural hoy es la “Conferencia de las asambleas confesionales en las iglesias protestantes” en Alemania, cuyos líderes se
reunieron en 1989 para discutir la cuestión estructural (lo cual debe ser considerado por sí mismo un
progreso). Pero los resultados de la conferencia se quedaron en las habituales líneas pietistas: “Las
asambleas reunidas en la conferencia rechazaron unánimemente este pensamiento (plantar su propia
iglesia confesional con su propio liderazgo –nota del autor). El cambio en las estructuras formales no es
lo más importante en este momento. Los grupos fieles a la Biblia y al credo establecido hace veinte años
“para resistirse, en la medida de lo posible, a la distorsión del mensaje, y con el objetivo del avivamiento
interior y de la renovación de sus iglesias.” (Hauschildt, Wer gegen de Strom schwimmt, en: idea
spektrum 31/1989, p.19). Es comprensible que Wofram Kopfermann comente sobre estas palabras: “El
que quiera algo más que eso contra lo que el movimiento confesional ha luchado durante más de veinte
años, ¡necesita una iglesia nueva! (Kopfemann, Abschied von einer Illusion. Volkskirche ohne Zukunft,
tercera edición, p. 189).

35 Hunter: 1983, p.16. Kent Hunter escribe: “Mientras que Martín Lutero y los reformadores del siglo
XVI trajeron consigo una reforma de la teología, mucha gente hoy cree que el movimiento del
iglecrecimiento trae consigo una reforma en la práctica. Si esto es cierto, la iglesia hoy está en medio de
otra reforma... el iglecrecimiento pone en práctica las grandes verdades de las Escrituras que enfatizaron Lutero y los reformadores.” (Ibid.).

36 Cf. Wagner, Ibid., p.83.

37 Cf. Margull, Mission als Struktruprinzip.

38 Ibid. p.45.

39 Möller, Lehre vom Gemeindeaufbau II, p.76.

40 Seitz, Praxis de Glaubens, segunda edición, p.108.

41 Herbst, Missionarischer Gemeindeaufbau in der Volkskirche, p. 194.

42 Cf. Kopfermann: 1991, p.172: “ Hay una relación recíproca entre el organismo de la iglesia y la
estructura. Una estructura de la iglesia extraña e inadecuada no es un valor neutro, amenaza y pone en
peligro la vida de la iglesia como organismo, e incluso puede destruirla. ¡Esto sucede hoy en día miles de
veces!”

43 Para más detalles ver Desarrollo Natural de la Iglesia, Christian Schwarz: 1996.

44 Cf. Ibid, 39.

45 Para un tratamiento más extenso de este concepto y el enfoque del ministerio que hay detrás de él, ver DNI, 49-60.

46 La afirmación hecha por el biocibernético Frederic Vester: “Por lo tanto, que lo que convierte materia muerta en materia viva no se debe... a una diferencia en el tipo de sustancia, ni en las partes mismas, sino aquí, también, en su disposición, en su estructura, en su diseño particular” (Vester, Neuland des Denkens. Vom technokratischen zum kybernetischen Zeitalter, quinta edición, p.28).

47 Romanos 12:5; 1 Corintios 12:27.