Evangelismo

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El objetivo es hacer discípulos, no miembros de la iglesia

Tony Payne

La medida de cómo está progresando el ministerio en su iglesia o comunidad, y la forma de evaluar si se están haciendo progresos, no es la asistencia del domingo, firmado por los miembros, las personas en grupos pequeños, o el tamaño del presupuesto (tan importante y valioso como son todas estas cosas!). La verdadera prueba es el éxito es cuán satisfactoriamente usted está haciendo discípulos que hacen discípulos. ¿Estamos viendo personas convertidas de estar muertas en sus transgresiones a estar vivas en Cristo? Y una vez convertidas, ¿les estamos dando un seguimiento para que sean establecidos como discípulos maduros de Jesús? Y a medida que son establecidos, ¿los estamos entrenando en el conocimiento, la piedad y las habilidades para que ellos a su vez, hagan discípulos a otros?

Se trata de la Gran Comisión, hacer discípulos que obedezcan todo lo que Cristo ha enseñado, incluyendo el mandato de hacer discípulos. Y esta es la clave de nuestra fidelidad a la misión de Cristo en el mundo, y el signo de una iglesia saludable: si somos o no somos de los que hacen auténticos discípulos de Jesucristo.

Tony Payne

Establecer un discípulo de Jesucristo no es algo tan fácil de medir cuantitativamente (con cifras). Que asista un gran número de personas a la célula o al culto general de la iglesia no significa que ellos sean realmente discípulos de Jesús, ni que nosotros estemos realmente llevando a cabo el trabajo encomendado en la Gran Comisión de discipular, fíjate que una gran asistencia no dice mucho acerca de los asistentes ni de los líderes! Es que el trabajo de discipulado es un trabajo cualitativo, es decir, relacionado a la calidad, no a la cantidad.

Evangelizando afuera y adentro

Gustavo Pardo

Uno de los aspectos esenciales que hacen a la naturaleza de la iglesia es, sin duda, la evangelización:

18 Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. 
19 Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,  20  enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

Mateo 28.18-20

Participación en torno a las 2 metas

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Conclusiones teóricas

Obviamente, habría que trabajar sobre estas líneas mucho más. Por ejemplo, se me hace que los objetivos 1, 3 y 4 son más fáciles de medir que el de masa crítica (objetivo 2). Es relativamente fácil saber cuándo se ha establecido una base. Es un asunto relativamente fácil determinar si existe una iglesia evangelística al alcance de cada persona en un grupo. Y aunque probablemente no se podría indicar el día exacto, en la mayoría del mundo las iglesias que hubieran saturado su zona lo sabrían – sobre todo si esta zona fuera tan reducida como las 500 a 1000 personas que sugiere el movimiento Amanecer (DAWN).

¿Cuál es nuestro objetivo?

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Cómo hemos visto, la primera dificultad a la que nos enfrentamos a la hora de elaborar una visión estratégica y global de la tarea es la variedad de énfasis existentes. Nuestra segunda dificultad tiene que ver con la consiguiente dificultad en enfocar la meta: estamos algo confundidos en cuanto a lo que queremos conseguir.

Seguramente, la mayoría de los que estamos interesados por la cuestión contestaríamos que nuestro objetivo es “alcanzar el mundo”. Pero ¿qué entendemos exactamente por “alcanzar”?

Maneras de enfocar la tarea

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Desafortunadamente, a la hora de contestar estas preguntas, la iglesia ha tenido tendencia a seguir modas. Cada cierto tiempo surge una nueva teoría y todo el mundo intenta ajustar su programa misionero al nuevo paradigma. Las iglesias cambian sus prioridades económicas. Las agencias misioneras reasignan a sus misioneros. Las revistas cristianas dan prioridad a las nuevas perspectivas y se “olvidan” de las anteriores.

Hacia una participación estratégica en la gran comisión

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Por  Jonatán Haley1
20/09/2000

En un escrito anterior he intentado argumentar una base bíblica para la multiplicación de congregaciones locales como la estrategia por excelencia para cumplir con la gran comisión.2 Sin embargo, una duda puede – incluso debe – surgir de tal afirmación: ¿Es nuestra responsabilidad en la multiplicación de congregaciones igual en todas partes del mundo? ¿Tenemos el mismo grado de responsabilidad en otra cultura que en la nuestra? Y si entendemos que esa responsabilidad es diferente en algo, ¿en qué se diferencia?

 

Una responsabilidad ineludible

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La misión y las iglesias locales primitivas Melvin Hodges escribió: “La Iglesia es el agente de Dios en la tierra, el medio por el cual él se expresa al mundo. Dios no tiene ningún otro representante redentor en la tierra.”31 No sólo tiene la iglesia la responsabilidad de la Gran Comisión (Mateo 28:19-20, Marcos 15:16, Lucas 24:47-48, Juan 20:21, Hechos 1:8), sino que al ser el Cuerpo de Cristo, es el vehículo por el cual la Cabeza cumple sus propósitos sobre la tierra (Efesios 3:10). Y así, como el Cuerpo de Cristo en sus localidades, las iglesias locales lógicamente comparten unas con otros la responsabilidad dada a la iglesia entera.

Una razón implícita: El modelo bíblico supone la multiplicación de las iglesias fundadas

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El papel de las iglesias paulinas

Trataríamos injustamente la genialidad de la estrategia del apóstol si meramente concluyéramos que individuos dotados deben involucrarse en esfuerzos para fundar nuevas iglesias. La estrategia de Pablo, sin duda, iba más allá de sus propios esfuerzos y de los de su equipo. Incluía a las iglesias que él fundó. Pablo esperaba que estas iglesias continuasen la obra de plantar nuevas iglesias, para que de éstas, otras se multiplicaran.

Roland Allen creía que:

Una razón estratégica: El modelo bíblico está basado en la premeditada fundación de nuevas iglesias

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Pablo: más que evangelista, fundador de iglesias

Una razón teológica: Las iglesias locales son esenciales en la vida del Reino

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Para no dar nada por sentado, primero es necesario preguntarse por qué son importantes las iglesias.

Hacia una teología bíblica sobre la multiplicación de iglesias

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Por  Jonatán Haley
22/02/2000

Fundar nuevas iglesias es una labor loable que muchas iglesias fomentan por todo el mundo, principalmente por medio de sus misioneros. Pero de este trabajo surge naturalmente una pregunta que muchas veces pasa desapercibida: ¿No deberían estas iglesias, que promueven la implantación de iglesias alrededor del planeta con tanto vigor, iniciar también iglesias en su misma localidad? ¿No deberían nuestras iglesias tener el mismo celo para la multiplicación de congregaciones “en casa”, como en el extranjero? ¿Por congregaciones “en casa”, como en el extranjero? ¿Por qué no fundar una nueva iglesia en nuestra misma ciudad, incluso, en nuestra misma zona de la ciudad?

En sus formas más básicas, me parece que sólo existen tres posibles respuestas a estas preguntas.

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