Tres Reformas

Estudios BioIglesia

Por  Christian Schwarz

01/12/2000 (Adaptado del capítulo 8 de Cambio de paradigma en la iglesia)

El iglecrecimiento es interdenominacional, pero nunca puede ser ateológico. En esto yo difiero de los defensores del movimiento del iglecrecimiento americano.1 Es más que un método de valor neutral; hay un paradigma teológico definido tras él. Debemos asumir que este paradigma incluso sirve para aquellos defensores del movimiento del iglecrecimiento que tan apasionadamente se niegan a ser identificados con un paradigma específico.

¿Dónde están las raíces2 teológicas de este paradigma? Se puede demostrar que el criterio de funcionalidad que caracteriza nuestro enfoque es en gran medida idéntico a lo que podríamos llamar principio reformador: las formas existentes de una iglesia no son aceptadas como sacrosantas, sino que son radicalmente cuestionadas en su significado y en su efecto. Este es el sello de cualquier movimiento de reforma.

Me propongo ilustrar el principio reformador dando dos ejemplos de movimientos que han tenido un efecto duradero en la iglesia cristiana: la Reforma del siglo XVI y el Pietismo del siglo XVII. Ambos movimientos lucharon contra la aparentemente abrumadora supremacía de la “ortodoxia” reinante; ambas tuvieron que enfrentarse con un paradigma institucionalista (en el primer caso con su forma sacramentalista, y en el segundo con una forma más dogmática); ambas tuvieron que hacer frente a sus propios extremos espiritualistas y por lo tanto luchar en dos frentes; ambos tuvieron una trascendencia en la historia de la iglesia que va mucho más allá de sus propias iglesias.

Estas observaciones no pretenden decir que yo considero la Reforma y el Pietismo como los principales ejemplos del iglecrecimiento, las páginas siguientes demostrarán que esto simplemente no es verdad. En algunas áreas, permanecieron enredados en el paradigma institucionalista, y donde lo superaron, a menudo se movieron hacia el espiritualismo. Pero podemos demostrar que ambas, comparadas con sus predecesores históricos (esto es, la Iglesia Católica Romana y la ortodoxia protestante), expresaban aspectos centrales en los que nuestras actividades para el desarrollo de la iglesia pueden (¡y deben!) basarse.

Merece la pena examinar ambos movimientos de forma clara para ver hasta qué punto reformaron los tres aspectos siguientes de la iglesia: teología, espiritualidad y estructuras.3 Esta perspectiva explicará por qué nuestro trabajo sobre el desarrollo de la iglesia hoy, aunque se basa en la tradición de las dos reformas precedentes, tendrá un énfasis diferente en algunos puntos.

Página siguiente »

                                                 

1 Así, por ejemplo, C. Peter Wagner escribe: “Donald McGavran, aunque tiene sus raíces teológicas en el Movimiento de la Restauración... ha intentado asiduamente no permitir que la enseñanza del iglecrecimiento se identificara con ningún paradigma de la teología sistemática en particular. Los principios del iglecrecimiento de manera intencionada se han mantenido ateológicos en la medida de lo posible, asumiendo que pueden ser adaptados para que sirvan para cualquier tradición teológica sistemática... Mi impresión es que el iglecrecimiento no puede de forma razonable ser etiquetado de Reformado, de Wesleyano, de Luterano, de Calvinista, de Pietista, de Pelagianista o de Arminiano.
Puede, sin embargo, ser etiquetado de evangélico. Pero, repito, este es un tema para una investigación más profunda y en espera de una mayor reflexión.” (Wagner, Church Growth and the Whole Gospel, p.83).

2 Se ha criticado repetidamente al movimiento del iglecrecimiento por no hacer frente a esta cuestión. Así, por ejemplo, Charles van Engen escribe en su amplio estudio sobre la eclesiología del iglecrecimiento: “Va mucho más allá del alcance de este trabajo, aunque es una tarea muy urgente, que el movimiento del iglecrecimiento debería esforzarse por dilucidar sus raíces teológicas. Estas incluirían, históricamente, a los movimientos monásticos misioneros de la iglesia católica romana anteriores a la Reforma y a la Reforma Protestante, reelaborado por el Pietismo europeo, inglés y el subsiguiente Puritanismo de Nueva Inglaterra, y el Evangelicalismo americano del siglo veinte.” (Engen, The Growth of the True Church, p.240)

3 Aquí me refiero deliberadamente a las contribuciones centrales, bien conocidas y ampliamente
aceptadas que hicieron la Reforma y el Pietismo, incluso a riesgo de que sean consideradas meros
clichés. Por supuesto, las mismas características se podrían demostrar también con observaciones más
sofisticadas. Pero primero, va más allá del alcance de este libro, y segundo, podría obscurecer el hecho
de que las preguntas que se tratan en este libro se refieren siempre al centro de la teología cristiana.

 

 

En la última página de este libro (en construcción) se encuentra este material como archivo adjunto en formato pdf que incluye imagenes y cuadros que se han omitido aquí.

También puedes encontrar este material y otros materiales accediendo directamente a la página de BioIglesia.

_________________________

Síguenos en Facebook